Leyendo los comentarios al anterior artículo sobre cómo al revisar los relatos fundamentales de nuestra práctica para abrir líneas de argumento pensaba que, quizá, hay que aclarar de nuevo que, en esa revisión, no se trata de deshacernos del metro o de descartar los trabajos realizados en la ciencia geodésica ni nada por el estilo.

Yo creo que hay dos necesidades de repasar esta historia relacionadas entre ellas. Una es celebrar los hitos en sí mismos y así refrescar todo lo que los hizo posible (como la incipiente inversión en educación de la época de la que hablaba Natalia, aunque fuera de los militares, o las aventuras de las medidas en sí que describía yo un poco más). Así recordamos cosas que salieron bien y mal, es decir, aprendemos de esas historias.

Humbolt Diagramas Naturaleza Tierra

no me resisto a poner uno de los preciosos diagramas de Humboldt donde se ven cosas que no pueden medirse con el metro, simplemente necesitan que desarrollemos otras prácticas para generar un “vínculo” con ellas, para medirlas y, con suerte, poder hacer comparaciones

A la vez, ese repaso tiene que ver también, con lo que hizo Humboldt cuando revisitó estos sitios de Perú. Él ya no vio las mismas cosas, aunque subió de nuevo a algunas de esas cumbres hizo otros dibujos muy distintos que, según su biografía publicada recientemente, inauguraron la visión ecológica contemporánea de la naturaleza. En parte esta es también la que yo continuaba aquí: recorrer de nuevo el camino de los expedicionarios de Perú, deteniéndome mucho en las propias prácticas con los textos de L y M y Valverde.

¿Las primeras guerras de la ciencia?

Antes de seguir, es necesario puntualizar que estos textos vienen de los estudios de la ciencia, tecnología y sociedad que, como disciplina, se basan en incorporar lo social y político a los relatos de desarrollo científico y técnico intentando superar una visión de la ciencia como algo separado de la realidad subjetiva y que arrastran ideas como la que apuntaba Natalia de que algo pueda ser incontestable porque está basado en la naturaleza.

Es por ello que, a veces, parece que estos estudios, al sacar a la luz la historia de sus incoherencias, quieren decir que la ciencia no vale o que el metro no vale. Yo creo que no es así o que, si lo es, no es nada útil: sería lo mismo que decir que porque había inversión de un estado centralizado la ciencia no vale. Lo que muestran es que la ciencia siempre ha estado y estará en marcha. Si entonces había una ciencia del estado, ahora hay una de las multinacionales y puede que en el futuro podamos tener una ciencia distribuida de menor escala. No hay una única manera afortunadamente.

Aquí es donde vemos el sentido a volver a recorrer las líneas de argumento con nuevas sensibilidades, en nuestro caso, fijándonos en la realización de las propias prácticas que son en las que, en gran medida, se basa la arquitectura y el urbanismo (o al menos de la lectura detallada de ellas, por ahora). Como Humboldt, aunque volviéramos a medir con sectores astronómicos las mismas cumbres (que no sé, ahora tenemos drones y otras cosas), incluso entonces, nuestro nuevo recorrido nos permitiría ver cosas nuevas porque nuestras sensibilidades (y uso esta palabra por sus connotaciones de habilidades de percepción) son distintas.

newton-leibniz

Newton vs. Leibniz

Todo esto es importante porque, según L y M, la ciencia que Newton refundó, aunque se contradecía con la de Descartes, mantenía como fundamento la extensión, la geometría en el espacio, que sigue siendo el pan de cada día en el trabajo de la mayoría de diseñadores, arquitectos, ingenieros y urbanistas. Ni siquiera las ideas de Humboldt de sistemas ecológicos en los que todas las cosas de la Tierra están relacionadas entre ellas, aunque influyente, está tan arraigada en los trabajos de los técnicos.

Pero es más importante aún porque, aunque Newton se centrara en las demostraciones geométricas para intentar eludir lo metafísico y no ser criticado. A pesar de ello, la idea no explicitada de “atracción” puso en pie de guerra a la Academia de París que era fuertemente cartesiana. Como comentaba en el anterior post, la cosa se convirtió en Inglaterra contra Francia. Y lo curioso es que, según Stephenson en “El ciclo barroco”, Newton y Leibniz, mientras vivían y luego sus respectivos seguidores por muchos años, también tuvieron fuertes disputas. En este caso sobre quién había inventado el cálculo. Así se ponían también en contra la ciencia Inglesa y la continental, en este caso “prusiana”. De alguna manera es como si la República de las Letras se desmoronara a partir de ese momento.

No sé si alguna vez había sido así, pero el personaje ficticio Enoch Root da a entender en “El ciclo barroco” que esas nuevas disputas estaban frenando la revolución científica y, leyendo ahora a estos autores académicos y a Stengers, da la impresión de que el espíritu científico efectivamente se ha ido perdiendo. Stengers, en su artículo “Comparison as a matter of concern”, habla específicamente de cómo lo que ahora define la escena científica es la polémica y no la relevancia. Se trata de desautorizar al otro en lugar de construir conocimiento juntos y eso, que a veces alegra a los relativistas y críticos de la ciencia, no es bueno para nadie.

Los eventos a celebrar

Lo que Stengers propone es aceptar que la comparación o traducción entre distintas prácticas que generan distintos tipos de conocimiento no siempre es posible. Que, de hecho, para que lo sea hay que hacer grandes esfuerzos. Grandes eventos (así los llama) como el eventazo en el que Galileo desarrolló un vínculo entre las bolas de billar y el plano inclinado. Deberíamos celebrarlos, revisitarlos pero no reificarlos para así dejar espacio a que ocurran nuevos.

 

Es en este sentido que nos interesa mirar la práctica de las redes de triangulación más que la medida del meridiano, que por supuesto tiene importancia para marcar la hora global y con sus desarrollos y ajustes posteriores ha ido permitiendo situar cosas en el mapa con más y más precisión. La triangulación geodésica es el gran evento científico en este caso, y es tan antigua que casi todos los grandes matemáticos han aportado algo a ella. En la Edad Moderna fueron las redes de triangulación las que, en el caso de nuestros de los expedicianarios en Perú (que ya les tengo un montón de cariño), les permitió compararse y medir el meridiano de Quito, aunque estuvieran peleados entre ellos.

Como cualquier práctica generadora de vínculos, una red de triangulación es relacional: permitió construir un vínculo con la forma de la Tierra. Pero permite más porque relaciona geométricamente cosas, no sólo las sitúa en el espacio. Pero no permite todo, como muestra el diagrama de Humboldt o el ejemplo de la fanega, porque sólo trabaja geométricamente con extensiones o, como muestra el propio cálculo de la longitud, porque necesita de puntos fijos.

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Mecanismo de un cronometro marino (W. Commons)

O los necesitaba hasta que apareció el cronómetro otro de los grandes eventos a celebrar que tuvo el efecto de

hacer el mundo simultáneo y que merece un relato en sí mismo por los efectos combinados en el diseño y las técnicas con las que nos relacionamos con el entorno.

Ciencias y técnicas cambiantes

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Vértice geodésico de Calpe

Por todo esto es más interesante hablar del metro como “una” medida que fue posibilitaba por la generación de “un” vínculo y no tanto como una medida basada en la Naturaleza con mayúsculas. Pues parece que esa mayúscula nos saca fuera de ella y también a nuestras prácticas y formas de conocer. Eso sí, celebrémoslo, pues costó un montón de esfuerzos. Y quizá el peor de ellos fue la necesidad o circunstancia de estar financiada por los nuevos estados absolutistas y generar su interés con polémicas nacionalistas que erradican alternativas en lugar de dejarse objetar por ellas. O quizá es simplemente hija de su tiempo…

En cualquier caso, tenemos por delante otros muchos vínculos que generar y para hacerlo con alegría y sin penurias, lo mejor es hacerlo juntos. Para Stengers eso significa aceptar que la técnica y la ciencia moderna ya no es lo que era. El no atreverse a ser objetada es sólo un signo de que está ahora tan en peligro de extinción como otras formas de conocimiento que han sucumbido a la supuesta objetividad, racionalidad y la división entre naturaleza y cultura.

Gracias a ello, quizá se abra de nuevo el espacio para  la especulación, para, como decía, abrir líneas de argumento, nuevos temas que explorar, nuevas medidas que tomar. A fin de cuentas, esa es la historia del metro también. Aunque puede parecer una medida fija, su definición ha ido cambiando conforme la ciencia ha ido cambiando: desde la oscilación del péndulo a la distancia que recorre la luz pasando por la longitud del a Tierra o los mismos patrones que se guardaban en la Oficina Internacional de pesas y medidas. A veces nos vinculaba a la gravedad, otras a la forma de la Tierra y ahora parece que al espacio cósmico, veremos cuando nos encontremos con los extraterrestres…

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