stephenson_sevenevesHace un tiempo que venimos reflexionando sobre cómo podemos ser más arriesgados en la construcción de nuestro entorno. Viendo cómo las herramientas que el urbanismo y la arquitectura toman prestadas de las ciencias sociales producen parálisis. O cómo ciertos paradigmas arquitectónicos actuales con los que nos hemos alineado durante un tiempo en aRRsa!, la reversibilidad de la construcción en este caso, tampoco nos permiten hacer apuestas de futuro y responsabilizarnos de su desarrollo. La hipótesis es que la parálisis tampoco nos deja formarnos como personas y comunidades a la vez que damos forma a nuestro entorno, que lo construimos y crecemos con él.

El último libro de Neal Stephenson, Seveneves (ya disponible en español Siete Evas y pronto, parece, en cine nada menos que de la mano del equipo de Apolo 13, otro favorito de aRRsa!), es una oda a esa idea de que necesitamos volver a empezar ya a arriesgarnos en la reconstrucción y transformación de nuestro entorno. Con su maravillosa manera de desarrollar la acción de la trama con detalladas descripciones y demostraciones científicas, Stephenson nos hace añorar los días en que todo era posible, incluso encajar un filtro cuadrado en uno cilíndrico o ir a la luna. En la línea de otras películas recientes como Interestellar, The Martian o The Extant, usan el viaje al espacio y la vida fuera del planeta para hacernos pensar sobre ese desarrollo tecnológico que nos hace intentar superarnos y dejar atrás el “virgencita que me quede como estoy”. Pero Stephenson, y por eso nos fascina, va más allá, hasta permitirnos imaginar otros futuros posibles mucho más cercanos y factibles, pero no por ello menos excitantes, que la ciencia ficción fantástica basada en el viaje fuera de nuestro sistema solar. La novela de Stephenson se queda cerca de la tierra y cerca de la realidad actual: con su basura espacial, sus millonarios que invierten en el espacio, sus burocracias estatales y supraestatales, sus hackers y sus científicos que, impulsados por el desastre último que hace la vida en la tierra imposible, se ponen las pilas y llegan a soluciones (casi casi) de ciencia ficción dura haciéndonos imaginar que es posible y necesaria la ilusión por reconstruir una y otra vez nuestro entorno.

¿Por qué hemos dejado de hacerlo?

Apolo-13El mismo Stephenson (en una breve conferencia que enlazaba hace poco Andrés) da varias claves para este parón. Empezando por los detalles cotidianos que muestran cómo la gente ya no cree en la ciencia, y aceptando que las últimas décadas han supuesto un desarrollo tecnológico informático que no es tan evidente como un cohete espacial, compara nuestras infraestructuras actuales, a nivel tecnológico, con los coches sesenteros. Por ejemplo, la central nuclear de Fukushima es como un Fiat 600 hubiera sido tuneado (pero no rediseñado en lo fundamental) una y otra vez durante los siguientes 50 años hasta hoy.

Stephenson, aún compartiendo sus preocupaciones, repite una y otra vez que los movimientos ecologistas han tenido mucho que ver en este parón. Según él, la mentalidad con la que encaran el riesgo para el planeta que suponía el ritmo de desarrollo tecnológico hasta los 70 nos ha paralizado de forma que ahora corremos más riesgo por falta de desarrollo tecnológico que por exceso. Acepta que el ecologismo ha puesto en evidencia los efectos colaterales del desarrollo que antes no se tenían en cuenta pero explica que se ha atascado en argumentaciones intelectuales que sólo nos paralizan. Para nosotros esto es cierto, tanto en los debates científicos alrededor del Antropoceno, como en los debates de los constructores sostenibles sobre cómo construir en el día a día.

Según Stephenson, los grandes logros ya no nos maravillan tanto como antes y cada vez son menos. La conspiranoia crece mientras tanto. Él la combate con su maravillosa narrativa que describe cómo viviríamos con nuevos grandes desarrollos en el mundo físico. Nosotros… buscando maneras de hacer  maneras que vuelvan a permitirnos arriesgarnos a cambiar el mundo. Volver a ser tecno-optimistas va a suponer mucho esfuerzo en todos los frentes. Como dice Stephenson, hace falta más ciencia y más imaginación.

Muchos estamos en ello, empezamos de nuevo ahora, poco a poco, pero sembrando la semilla para que colectivamente nos ilusionemos con los futuros que podemos construir incluso con la tecnología que tenemos ahora disponible. Él apunta, por ejemplo, a la independencia energética ¿por qué no lo hacemos?. Algo pasa en nuestros sistemas de gestión y gobierno… qué exactamente es algo que Stephenson no pretende poder responder, de hecho en otro de sus libros, ni lo cuestiona.  Nosotros lo estamos buscando ahora precisamente en ese momento fundacional para la ciencia moderna, cuando el espacio de conocimiento científico se estableció a la vez que el espacio de gobierno y gestión. Quizá ese ese espacio abstracto que detiene para conocer y nombrar el que no nos permite avanzar…

 

2 comments on “Volver a arriesgarnos a cambiar el mundo

  • Muy interesante refelxion.

    Personalmente vivo esa inquietante situacion en que los agentes de cambio a mi alrededor caen en el excepticismo tecnologico motivados por mitos o miedos que vienen del pensamiento ecologista. El Antropoceno veo como cada vez va ganando terreno y como sectores del mundillo hacker apoyan la hipotesis. Me gusta pensar que a medida de las pymes vayan adoptando tecnologias mas resilientes como la impresiom aditiva o autroproduccion energetica ya sea de forma individual o distributiva decidira hacia que lado se iran las inversiones.

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