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Toyo Ito y Cecil Balmond charlando de sus cosas en la Serpentine Gallery que construyeron juntos. Aquí las cosas que se dicen en otra conversación: http://www.opasquet.fr/dl/texts/Conversation_Cecil_Balmond_and_Toyo_Ito_2006.pdf

Entre los placeres de estar estos meses en Aberdeen, quizá el más grande sea poder compartir conversaciones con todos los miembros de un departamento tan interdisciplinar como abierto a la discusión. Esta semana por ejemplo, comenzamos un grupo de lectura sobre arquitectura y antropología que nos llevó a debatir sobre los intentos de la arquitectura no convencional para trabajar de forma “más comprometida con la sociedad”. Esta es una discusión vieja para los arquitectos pero realmente no avanza demasiado desde la propia disciplina… Propuestas tan magníficas como las de Rural Studio, Cirugeda, Teddy Cruz y tantos otros siguen sin conseguir instalarse cómodamente en los sistemas productivos y educativos o, mucho más deseable, sin crear los suyos propios.

Por supuesto hay avances pero siempre queremos más y mejor… Hoy, mientras buscaba sin demasiado éxito algunos textos sobre formas alternativas de formación y práctica de la arquitectura he recordado aquello que dice Beatriz Colomina sobre los grandes modernos:

Le Corbusier tomó ese espacio en los medios de comunicación convirtiéndolo en un lugar de producción de la nueva arquitectura. Los dos arquitectos más famosos del siglo XX, Le Corbusier y Mies van der Rohe, tardaron mucho en conseguir hacer algo que estuviera al nivel de lo que habían publicado como proyectos. Le Corbusier fue el primer arquitecto que realmente entendió los medios de comunicación y, al hacerlo, llevó la arquitectura al siglo XX.

Lo que hicieron fue más allá de ‘saber moverse y hacerse propaganda’ (que también), ellos entendieron que los cambios en cómo construimos no se producen sólo en los proyectos de arquitectura puntuales, hace falta el contexto que los haga comprensibles y necesarios. Y participaron activamente en su creación.En una conferencia Colomina contaba que Le Corbusier hizo tantos edificios como libros.  En cambio, de los anteriores hay tan poco escrito… Pero, la cuestión es ¿tenemos necesariamente que escribir?

Las palabras son importantes, claro. Pero no sólo en el mundo académico ni mucho menos. Las palabras no sólo viajan muy rápido, se enganchan muy bien en las conversaciones en desarrollo. Son fáciles de repetir, cambiar, malinterpretar, debatir,… Con internet y los dispositivos móviles, ahora ocurre lo mismo con imágenes y vídeos pero no son tan fáciles de reusar creativamente como las palabras, no son tan apropiables por el otro. Más allá de darle a ‘me gusta’ o ‘reenviar’, ¿cómo hacemos para que imágenes, dibujos, maquetas, es decir, las herramientas con las que también pensamos y trabajamos sean tan maleables como las palabras? ¿Para que se nos peguen en la punta de la lengua pero que no sean un ‘meme’ sino un argumento que cambia cuando lo repetimos?

Por supuesto no lo sé pero, en mis búsquedas de hoy, he visto que quizá lo que mejor podía compartir para trabajar con otros pluriespecialistas eran precisamente las conversaciones entre varios arquitectos y sus relatos sobre los procesos de construcción. Mucho más que los textos grandilocuentes sobre ‘la arquitectura es esto o lo otro’. Incluso las impresiones personales de cómo ellos cambiaron y aprendieron en esos procesos. Es decir, historias de vida materiales.

Decía Robert Smithson que:

reducir la representación a la escritura no te acerca al mundo físico. La escritura debería regenerar las ideas en materia y no al revés (Smithson 1996:155)

Por eso es tan importante que consigamos un lenguaje para la auto-reflexión y la comunicación de lo que hacemos que venga directamente desde nuestra práctica y no sólo desde la crítica formal y material, que participemos en los debates actuales sobre el entorno construido más allá de nuestra disciplina y que lo hagamos con voz propia (no la de ‘los arquitectos’ sino cada uno la suya).  Es decir, que aprendamos a hablar de lo que hacemos y lo que queremos hacer, con quién, cómo, para quién y para qué. Así podremos encontrar, como hicieron modernistas y modernos, nuevos sistemas productivos y educativos. Dejar de hablar ‘al mundo entero’ con imágenes estáticas y empezar a encontrar socios y crear alianzas.

Nuestra apuesta para hacerlo, que parte precisamente del rechazo de la universalidad moderna,  pasa por recuperar las largas tradiciones de conocimiento y trabajo  directo con un mundo material siempre cambiante. Pero hacerlo desde dentro, política, económica y físicamente. Aún no somos capaces de publicar nuestros trabajos porque no queremos quedarnos en la foto estática, pero ¡estamos en ello!. Siempre buscando y practicando. Es por eso que participar de ‘Knowing from the inside’ es tan emocionante!

Referencias:

Smithson, Robert. “Cultural Confinement 1972.” In Robert Smithson: the Collected Writings,
edited by Jack Flam, 154– 156. Berkeley: University of California Press, 1996.

6 comments on “Materiales y palabras, en busca de un lenguaje

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