el parlamento inundado

el parlamento inundado

Justo esta semana leía a Viveiros de Castro, un antropólogo cuyo trabajo usa Latour para su artículo “¿El cosmos de quién? ¿Qué cosmopolítica?: Comentarios sobre los términos de paz de Ülrich Beck” traducido recientemente en la revista Pléyade. Ambos, junto a I. Stengers y uno de los debates de Manchester sobre ontología y cultura, han hecho que me atasque de nuevo al escribir. Pero hoy gracias a la conversación con Tim, Rachel y Enrique he podido verbalizar un poco más ajustadamente, un poco más sintéticamente, cuál es el problema. Ahí va:

Lo que no cuadra de Latour es que usa los ejemplos sobre la ontología múltiple, la existencia de muchos mundos, en otro contexto. Viveiros de Castro lo hace para pensar otras formas de hacer antropología que suponen otras maneras de pensar en el otro, una antropología que desarrolle conceptos. Latour, en cambio, se lo lleva a la propuesta cosmopolítica. Y ambos acaban diciendo que hay muchos mundos que deben ser escuchados y tenidos en cuenta. Pero la pregunta que a mí siempre me vuelve es, en lugar de el cosmos de quién, ¿cómo y dónde sea hace la cosmopolítica? (y quién la hace si nos ponemos).

Estas semanas me he dado cuenta de que esa es mi mayor crítica a su propuesta. La intención es buena y cuando lo leo estoy de acuerdo pero,  ¿dónde está ese parlamento de la naturaleza?. Porque para ir allí donde esté hay que parar un momento, fijar algunas cosas, hacerlas comprensibles para toooodos los otros, ponerte tus mejores galas y, mientras tanto, la casa sin barrer. Que oye, las conferencias están bien de vez en cuando pero que esa sea la forma cotidiana de llevar los asuntos me parece muy cansado por decirlo muy suavemente.  Hoy he pensado que lo diferente (y para mí más útil) de la propuesta de Ingold es que supone ir allí donde las cosas están ocurriendo.

Ese es el parlamento: el mundo haciéndose, siempre cambiando. En lugar de convocar a las cosas (que siempre encuentra los problemas de representación de los que no paran de hablar) participar de las propias cosas. Es la diferencia que proponemos en aRRsa! de una arquitectura participativa a una arquitectura (o lo que sea) participante.

Y eso es lo que me aporta la antropología (con su tradición de la observación participante): en lugar de desplazar “las cosas” que para ello hay pararlas quietas un momento; desplazarnos nosotros y ponernos en movimiento, surcar las corrientes de los flujos en constante cambio que es el mundo, hacer con las cosas.

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