Después de una primera semana de cursos, seminarios y lecturas las ideas y preguntas se me acumulan y, como no quiero que esto pase, he decidido simplemente ir publicando mis conversaciones. Sí, he dicho conversaciones, pues así es como las notas y borradores están ocurriendo: preguntas y respuestas a las personas que voy leyendo y escuchando y quizá esa sea por ahí por donde debo empezar.

Esta semana hemos destapado la caja de pandora. Por un lado estudiando la historia de lo que llaman “trabajo de campo” (fieldwork) y de las teorías en la antropología. Una de las lecturas clave ha sido Key debates in anthropology. Editado por Ingold en el 96 recoge una serie de debates que tuvieron lugar anualmente desde el 88 en Manchester donde él era profesor y que surgen de su impaciencia por formar parte de una disciplina dinámica, viva y preocupada por aportar algo a su entorno más allá de la academia. Del prefacio me ha fascinado cómo pasa de esa inquietud a organizar todo el tinglado (quizá de eso vaya ser anfitrión). Y de cómo estos debates fueron planteados podemos sacar una primera lección de qué es teorizar:

“the intention was to stress the importance not so much of constructing theories as of arguing theoretically…”

(Ingold, 1996: viii, emphasis mine)

De esta forma la teoría deja de ser algo abstracto y cerrado que se saca de o aplica a las observaciones concretas de la realidad:

“anthropological theory consists in… an ongoing process of argumentation… theory is an activity, something we do…”

(íbid: 2, emphasis mine)

Cómo se hace esta actividad es la pregunta clave entonces y cada uno de los debates trataba precisamente de incidir en algunas de las discusiones clave sobre cómo se hace la antropología. El primer debate, en 1988, partía del complejo de los antropólogos sociales por no ser una ciencia exacta y se centraba especialmente en si es o no necesario que la antropología sea capaz de generalizar sus hallazgos al estudiar situaciones específicas.

En la introducción general Ingold (íbid: 5,) ya apunta una solución a este dilema, que es parte importante de su trabajo posterior hasta hoy y que es clave para uno de los temas que estoy empezando a leer estos días: ser diferentes, específicos y tener historias únicas es precisamente lo que nos hace iguales y, por tanto, este proceso de ‘devenir distintos’ es lo que permite y demanda que generalicemos. Para Ingold, generalizar no es, por tanto, hacer iguales a muchas entidades individuales previamente separadas: lo general es el proceso de hacernos diferentes.

Voy a intentar aplicar esto a un caso práctico común en aRRsa! (será una simplificación claro, pero es algo que necesito empezar a hacer ya). Al reformar una casa no deberíamos buscar tipos de habitantes, es decir, personas con características similares de edad, sexo, situación familiar o incluso gustos, pues precisamente lo que estas personas están buscando es todo lo contrario a una casa ‘tipo’ están buscando construir ‘su casa’: distinta de las demás, tan única como su propia vida. En cambio sí que podemos, y debemos si queremos ser buenos en nuestro trabajo, buscar similitudes en los procesos de esa búsqueda: qué motiva a las personas a hacer una reforma, cómo ocurre la toma de decisiones, qué les ayuda a abrirse a nuevas posibilidades, si son capaces de imaginar nuevas situaciones y cómo lo hacen, cómo viven las incertidumbres del diseño y la construcción,… Es por eso que ‘El Método’ es tan valioso. No trata de tipos, como ‘el Neufert’, sino de cómo llevar adelante todo el proceso1.

En aRRsa! trabajar con ‘El Método’ nos ha permitido dejar de clasificar a la gente y a los espacios en los que quieren vivir para centrarnos en las cosas que quieren hacer en sus casas y en las personas que quieren convertirse cuando vivan en esa casa reformada. Esto supone un cambio total en qué significa diseñar y construir. En lugar de analizar las situaciones y fijarlas para poder hacerles un continente a medida, nuestra actividad es participar en unas situaciones que están en continuo cambio. El diseño y la construcción son parte de ese cambio. Como diseñadores, crecemos junto con los dibujos, las maquetas, las cosas, las casas y las personas que participan en la obra.

curva-felicidad-obra

Bajo esta idea de teoría como actividad y generalización de procesos y no personas, comprenderéis que esté muy orgullosa de nuestras ‘reflexiones prácticas’. La ‘curva de la felicidad en la obra‘, que surgió entre los nervios, risas y discusiones propias de la obra, se convierte en una aportación clave a la teoría del construir y habitar. Es una generalización de un aspecto del proceso de construir y, a la vez, una herramienta de trabajo práctica que se ha vuelto imprescindible. Habla de cómo somos las personas según las observaciones de cómo nos hacemos a la vez que hacemos nuestro entorno y nos ayuda a hacer mejor.

Hablar de las reformas es relativamente fácil, pues más o menos todo el mundo ha pasado alguna vez por ese proceso o ha visto la película Esta casa es una ruina. El reto sería ahora poder traer esta práctica teórica (o reflexiones prácticas como nos gusta llamarlas) a algunas situaciones más complejas como las de los migrantes re-creativos o la construcción sostenible. Quizá esas situaciones puedan aportar más luz a ese modelo distribuido de acción en el territorio porque abren algunos intersticios clave, como diría Charlotte Davies (2002: 28), “entre la vida cotidiana y las tradiciones intelectuales” (y las tradiciones prácticas derivadas de ellas) de las que formamos parte pero que, a la vez, nos gustaría cambiar en algunos aspectos.

1. ‘El Método’ es como solemos referirnos en aRRsa! a nuestra adaptación del sistema de trabajo creado y publicado por el arquitecto argentino Rodolfo Livingston en el libro Arquitectos de Familia: El Método. Como ellos mismo explican en la reseña: “éste el primer libro en el mundo dedicado a las familias verdaderas –no a “familias tipo”– y a sus arquitectos, para que puedan pensar juntos, en forma positiva y democrática, sus casitas de todos los días; en definitiva, de ellas está hecha la ciudad, está hecho el mundo”. Decimos adaptación porque no hemos tenido acceso al libro directamente (difícil de conseguir en España) sino a algunos resúmenes de él y a sus referencias en otro libro del mismo autor en Cirugía de casas. Además con casi 30 trabajos realizados con este método en 4 años hemos ido modificando y puliendo nuestras propias técnicas y adaptándolas a nuestro contexto en el sureste de la península ibérica. Se puede leer más sobre estas adaptaciones y reflexiones en: http://arrsa.org/consultas-de-arquitectura/. También lo decimos porque, aunque Livingston hace grandes esfuerzos por difundir su método, seguro que no conseguimos hacerlo tan bien como él. ‘El Neufert’ es como los arquitectos solemos referirnos al clásico manual El arte deArte de proyectar en arquitectura publicado por Ernst Neufert en 1936 y que aún sigue editándose. El Manual reúne sistemáticamente las dimensiones de una increíble variedad de tipologías de espacios, utensilios, instalaciones y tipos de edificios.

Bibliografía:

Cuadrado, A.M. ‘La curva de la felicidad en la obra’. Url. http://arrsa.org/2014/05/la-curva-de-la-felicidad-en-la-obra/ Consultado en 24/09/2015.

Davies, Ch. 2002. Reflexive Ethnography. A guide to researching selves and others. London : Taylor & Francis e-Library.

Ingold, T. 2005. Key debates in anthropology. London : Taylor & Francis e-Library.

2 comments on “La teoría es una actividad

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