matta-clarkLa semana pasada David nos regalaba un post que explica y matiza las ideas indianas sobre la identidad que enlacé en el último post. Al hacerlo yo no estaba pensando en las formas de estado en las que él se centra. Pensaba en si la construción de entornos diseñados para su permanencia tiene ya algún sentido. Así rápidamente: ¿construir estructuras permanentes de hormigón es una cosa de capturadores de rentas que igual que fijan sus rentas en instituciones fijan su poder en edificios? o ¿podría tener algún papel en una sociedad de individuos libres que, en busca de una buena vida, experimentan con ella en asociaciones que están en constante revisión y equilibrios cambiantes que permiten la revolución personal?. Quiero explorar la segunda opción a ver qué encontramos. Y para ello voy a seguir el camino de la identidad compartida. Habría otros caminos, como la emergencia pero me interesa la identidad porque apela directamente a la conciencia sobre qué somos y qué queremos ser. Así que las ideas de David en ese post me vienen de perlas, veo una equivalencia clara entre la viabilidad de la construcción de entornos para su permanencia y la viabilidad de los nuevos pequeños estados que él explora.

Pero antes de seguir con la identidad es necesario aclarar porqué, tan dedicados a lo ligero, escalable y desmontable como somos de pronto, veo necesario explorar esta posibilidad de la construcción permanente:

En el último enlace de ayer recuperaba nuestro modelo distribuido de acción en el territorio (MDAT) que pretende ser una salida a la parálisis de las prácticas sostenibles, que entienden la sostenibilidad desde el bien común o el decrecionismo. Por otro lado, en el último post mencionaba lo que podría ser el paradigma de una práctica experimental que, entendida como ensamblaje temporal me parece otra forma de parálisis. Esta práctica ensambladora también está preocupada por no dejar huella o, al menos, centrada en construir cosas que puedan deshacerse. Propone una experimentación en la que construimos infinitos momentos presentes, uno detrás de otro y no uno a partir del anterior.

En ambos casos hay una especie de renuncia a la apuesta por un futuro y al riesgo de equivocarse con su construcción. Lo que apuntaba es que esa renuncia viene de una concepción universalista del cambio. El primero ve la tierra como un lugar global donde todo afecta a todo así que mejor no tocar nada o hiperregular el mantenimiento de un estado de equilibrio determinado que puede funcionar aunque sea precariamente. El segundo tiene un sesgo más temporal: ve el futuro como un patrimonio universal que, como en la peli, no deberíamos modificar irreversiblemente con nuestros inevitables errores presentes. Ambos se piensan sostenibles.

Por ello me interesa otro camino para pensar la sostenibilidad que propone Ingold:

Lo importante es mantener la vida en marcha, entonces el potencial para generar diversidad y riqueza sigue ahí. Si hablamos, en primer lugar, de cambio climático y sostenibilidad debemos entender la sostenibilidad como mantener el espectáculo en cartel, mantenerlo activo. Y no como el mantenimiento de un estado de las cosas fijo. No se trata de mantener la vida en un determinado nivel o tener un determinado número de especies en el mundo sino de mantener el proceso en marcha. Por otro lado, me parece que contar el número de especies no tiene sentido e, incluso, es perverso. Quizá sea porque mi investigación se ha centrado en el Norte y cuando los ecologistas comparan las regiones árticas con las tropicales encuentran que los ecosistemas tropicales son extremadamente diversos, con enormes cantidades de plantas y animales. En el Norte en cambio, aunque la vida es muy rica y hay muchas cosas ocurriendo allí, no hay muchas especies rondando. Cuando trabajas en el Norte terminas un poco molesto de tanto oír que es un ambiente pobre comparado con los Trópicos. te preguntas porqué, qué diferencia hay. No hay muchos animales pero hay muchos copos de nieve y ¡mira todo lo que hacen! y la riqueza de todo ello y su abundancia. Entonces deja de importarte el número de especies, ves que es sólo una manera de contar, ¿por qué deberíamos contar? ¿por qué hablar de la riqueza de la vida en términos de cuántas cosas podemos contar? Es una ideología aburrida y excéntrica (como la afición inglesa de contar trenes: trainspotting). Por eso la lógica de contar especies que subyace al discurso de la biodiversidad es más que perverso y está basado en una reducción de la vida a las especies que corta el aspecto ontogénico de la vida, el crecimiento, que es la fuente de su riqueza. (Conferencia Anhtropology beyond humanity, 1:15:04. La traducción es mía)

Celebrar el crecimiento y, con él, el cambio nos da una alternativa a las parálisis. Tomar la reconstrucción de un entorno como una apuesta consciente por cambiar cosas. Y la experimentación no como una realización reversible sino como la estrategia que nos permite estar siempre imaginando nuevos futuros mejores en cuya realización enfrascarnos. Como explicaba en el MDAT, vista la sostenibilidad así, el peso del universalismo desaparece porque más vale que me preocupe del trabajo que tengo por delante y no de las cosas que están fuera de mi alcance.

Una vez explicado el interés de las construcciones permanentes ya podemos volver a la identidad compartida y el porqué puede ayudar a responder a esta pregunta de ¿para qué le sirven las estructuras permanentes a las comunidades reales?

Barn-Raising-Redeem-Their-GroundEn su post David habla de dos tipos de identidad: la aristotélica o imaginada y la epicúrea o real. Y pone varios ejemplos buenísimos (ciegos, nacionales, locales,…). La identidad que muestran es realmente imaginada. Pero en los comentarios aparecen otros ejemplos de identidad en la comunidad real como el fútbol (no tan) profesional. Siguiendo con el Athletic: si se tratara de ver «fútbol de verdad» y no sólo de ver jugar a los vecinos, quizá incluso prefiero a un jugador no local que juegue a ese fútbol de verdad que nos gusta que a un vecino que no lo haga. Esta es una identidad que tiene que ver con las formas de hacer.

Es importante porque, en la era digital, lo local cambia de sentido: los mapas ya no son continuos y las escalas no significan lo mismo. Recuperando una parte del MDAT:

La diferència entre la perspectiva ‘local’ i ‘global’, no es una jerarquia de grau, en escala o comprensió, sino de clase. En altres paraules, lo local no és una manera més limitada o estreta d’aprehensió que lo global, és una que es suporta en un mode completament diferent d’aprehensió – un mode basat en un compromís pràctic i perceptiu amb els components d’un món que és habitat, més que una observació separada i desinteressada d’un món que és simplement ocupat.” (Ingold 2000: 215-216).

Esta identidad es real porque, al estar basada en el hacer, supone interacción y puede ser muy interesante para el neovenecianismo, las filés y para los que queremos tener una vida experimental no encerrada en fronteras imaginadas pero comprometida con el mundo real y material.

Y si echamos un ojo a la definición indiana de identidad real encontramos el matiz que creo que responde a la pregunta que me hacía:

Esa característica es algo que genera significado no sólo a interactuar en la red sino a la definición o proyecto vital personal de cada uno de los nodos. Llamar a otro amigo implica una cierta permanencia en el tiempo o al menos una cierta voluntad de proyección de la relación.

Si en la identidad imaginada la razón para construir estructuras permanentes tiene que ver con mantener las rentas tantísimo tiempo como sea posible. En la comunidad real, la de escala óptima más pequeña y funcionando en una lógica de rentas disipadas, la construcción de esas estructuras permanentes puede ser una muestra de nuestro compromiso a hacernos responsables de ellas durante cierto tiempo. Es más, sólo en el mismo proceso de construirlas somos capaces de imaginar los mundo que representan. Enredarnos en su construcción es hacernos alegre y orgullosamente responsables de cada nuevo paso, de cada nueva propuesta, que como las amistades, necesita tiempo para convertirse en algo que vale la pena.

¿Cuánto? Pues aquí se muestra que todo esto no es cuestión de blanco y negro sino de grados. Y donde, a la tríada que propone Natalia para la viabilidad de los nuevos estados: dimensión/eficiencia/identidad, añadiría la durabilidad pretendida.

5 comments on “La identidad en construcción

  • Hola Ester. Hace poco leí esta frase de Judith Butler: “La vida no es la identidad! La vida resiste a la idea de la identidad, es necesario admitir la ambigüedad. A menudo la identidad puede ser vital para enfrentar una situación de opresión, pero sería un error utilizarla para no afrontar la complejidad. No puedes saturar la vida con la identidad”

    Su principal teoría creo que tiene que ver con lo que planteas en tus últimos post. Considera precisamente que la identidad, (en concreto el género), no sólo es algo que construimos (que eso ya lo dijo Simone de Beauvoir), sino que también es algo cambiante, en proceso de transformación contínua.

    En este post (http://chocholatem.tumblr.com/post/102357066379/la-vida-no-es-la-identidad-la-vida-resiste-a-la) enlazo un video y algunas reflexiones sobre las diferencias que establece entre decir “genders performed” y “genders performative”. Lo segundo nos da mucha más posiblidad de acción, mucho más poder, claro.

    Así que creo que esto está en la línea de esa “sociedad de individuos libres que experimentan de manera continua la revolución personal” en sus cuerpos y en las formas de habitar el territorio. Visto así, yo creo que esto no tendría por qué significar ser seres periféricos y vivir instalados en la precariedad de lo temporal. Creo que esta forma de plantear la reconstrucción continua de la identidad se pueda llevar junto a una buena vida…pero claro, habría que contruir los contextos para ello…que yo entiendo es parte del trabajo que has estado haciendo desde Arrsa! y Colabores. Otra cosa diferente es que nos parezca que en las periferias se producen las cosas más interesantes de cada momento, cosa que yo si creo, que luego dejan de ser periféricas y así empieza otro ciclo de cambios…

    Bueno, podría rescribir mejor esto pero me llaman para comer, 😉

    • Ei, justo eso le decía a Alfonso. Me guardo también esto de Butler y voy a echarle también un ojo al artículo que enlazas. ¡Sois unos máquinas!

      Yo no me veo precaria pero sí muchas veces veo que nuestros contextos son aún frágiles y balbuceantes. El reto sería construir contextos resilientes que permitan el cambio continuo incluso en sus centros, todo lo contrario a lo que ocurre en las grandes instituciones del S.XX que conocemos. En ellas sí que puede ser que la experimentación solo sea posible en su periferia porque el centro está dedicado sólo a tirar del carro y ya tienen bastante con que las cosas funcionen como están.

      Abrazos!

  • ¡Muy interesante!
    La primera parte me recuerda, porque justamente lo estoy leyendo ahora :), a la crítica que hace Popper de Platón en los primeros capítulos de La Sociedad Abierta y sus Enemigos. Platón decía: ¡Detened todo movimiento, de la situación actual, ideal para conservarlo tal cual está! Esa su forma más perfecta y así evitaremos su degeneración debida a los cambios, a los experimentos…En cambio la visión de Ingold: “Lo importante es mantener la vida en marcha”. ¡Qué diferencia! ¡Qué agradable! ¡Qué ilusionante!
    Transmite la energía para experimentar y (re)construir entornos modificables y duraderos y, mediante esas prácticas, avanzar en la construcción de nuestra identidad. Y no estar siempre entre los dos extremos: empezar de cero o la hiperregulación normativizada.
    Sigo leyendo la segunda parte del post 🙂

    • Oh! es una cita genial! me la guardo 🙂 Creo que lo importante no es “construir nuestra identidad” (ahí el título del post quiźa no fue acertado) sino que al construir las cosas que necesitamos para vivir (juntos) también va construyéndose la identidad.
      Ya me cuentas cuando acabes 😉

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *