Quería escribir que las revoluciones, los experimentos de los que intento hablar, pasan por la individuación. Pero el asentarlos, porque resulten tener éxito para lo que queremos o simplemente ser una buena base para pasar al experimento siguiente, pasa por la comunidad. A veces por construirla a veces por abandonarla. Algo así como que los hábitos pueden crearse, luego ellos hacen al monje, que sólo con otros monjes puede mantener el ambiente en que promueva la creación de los hábitos que queremos o, al contrario, que la frene obligándonos a buscar otro monasterio…

Luego me he dado cuenta de que Juan ya había escrito muy bien sobre ese proceso, y David lo ha recuperado no hace mucho en relación a la Economía Directa.

Sin embargo aún me queda una laguna… Entre traición y abandono y traición ¿por qué ni siquiera molestarse en construir un monasterio? El monasterio, la institución, el edificio, la norma,… cada uno como quiera entenderlo. Parece que quisiéramos congelar un experimento que en algún momento funcionó. Cansados de probar, pararnos un momento a disfrutar de la ilusión de que esto funciona. Decir como Cremonini a Galileo, que ya no queremos mirar más por el telescopio.

concrete_playground

http://abandoneddreams2011.blogspot.com.es/2011/04/concrete-playground.html

Puede ser eso, sí, pero los que hemos jugado alguna vez a playmobils, cabañas o minicivilizaciones enteras 🙂 sabemos que construir es en sí mismo un tipo de experimento y muy divertido. Conceptos filosóficos a parte, me gusta pensar que esto es lo que reivindica esa práctica que nosotros llamamos ensamblajes urbanos o arquitectónicos. En este muy recomendable vídeo Izaskun Chinchilla explica lo que podrían ser las bases de esta práctica tan experimental: escalable, fragmentable, desmontable, prototipable…

En aRRsa! usamos tácticas de diseño y operatividad similares… Pero revisando las ideas sobre el diseño que propone Ingold se me ocurría que construir, montar, armar pesados monasterios, civilizaciones, ciudades, normas,… hacer cosas que no estén pensadas para deshacerse, nos aporta otras cosas distintas a la práctica “ensambladora” reversible: compromiso con nuestro modo de vida presente, apuestas arriesgadas por un futuro y la asunción de una responsabilidad. No creo que debamos renunciar para siempre a todas esas experiencias, yo no quisiera renunciar al menos.

¿Por qué parece que hacerlo es el único camino sostenible?

“…responsible architects think very much in terms of the whole community.” – Walter Gropius

Pues eso: el universalismo.

6 comments on “¿Por qué jugar a las cabañas de hormigón armado?

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