Hace un mes aproximadamente terminé de leer Sociofobia de César Rendueles (al que ya conocía gracias a Pablo). El libro me gustó mucho y, a falta de un post más extenso sobre todo lo que me hizo pensar, quiero recuperar unas frases sobre el hogar que se han estado repitiendo con cierta recurrencia en mi cabeza:

Nuestra interpretación de lo que es un hogar, por ejemplo, ha cambiado por completo. Somos de hecho sociedades nómadas y nuestras familias son ridículamente pequeñas, pero dedicamos a conseguir un lugar donde vivir muchos más recursos que cualquier sociedad tradicional sedentaria y con relaciones familiares extensas. Buscamos hogares pero encontramos hipotecas usurarias, explotación y movilidad laboral impuesta y decoración de interiores grotesca. Aun así somos capaces de imaginar que realizamos inversiones a largo plazo, desarrollamos carreras profesionales y transformamos estéticamente nuestras viviendas.

Justo al terminar el libro la frase se me aparecía mientras preparaba un presupuesto de ejecución de una reforma o al consultar alguna página de decoración en busca de muebles o lámparas para sugerirle a un cliente. Me imaginaba cómplice de esta situación. Luego se me pasó un poco el complejo de culpa y la recordaba pensando en los proyectos de desarrollo local… ¿cómo sacar provecho del potencial del hogar más allá de la representación estética de una aspiración social?

Hoy he vuelto a pensar en ella al releer una entrevista  a Beatriz Preciado que propone una revolución sexual, con la experimentación con nuestro cuerpo como su arma más efectiva. Un cuerpo “como artificio, como arquitectura, como construcción social y política”. Que ahora es controlado externa e internamente para reproducir los estados de las cosas existentes: naciones, familias, clases,…

Barbara Kruger, ‘Untitled (your body is a battleground)’, 1989

Barbara Kruger, ‘Untitled (your body is a battleground)’, 1989

Como el sexo y el cuerpo, también el trabajo y el modo de habitar son lugares revolucionarios. Y como en él, las transgresiones posibles intentan ser codificadas: hay reglas precisas para ser gay y para lofts urbanitas. Leo en la entrevista que las soluciones aparecen en los márgenes y luego se codifican según el sistema perdiendo su capacidad revolucionaria y por ello la entrevista me parece incompleta.

A ver si lo consigo hilar bien: la precariedad en los márgenes del sistema no puede ser una medida del valor revolucionario de la transgresión. Creo que eso lleva al histrionismo del que habla en la entrevista, a la apología de lo bizarre. También los queers y los constructores de casas de paja ilegales (por nombrar unos) hacen grandes esfuerzos por construir “espacios de confort”. Porque el margen es un espacio para el ensayo pero el objetivo sigue siendo, como decíamos este verano, encontrar formas buenas y adecuadas para nuestra vida que duren lo suficiente para que todo el tiempo no se nos vaya en estar continuamente reponiendo las agujas con las que tenemos enganchado el vestido. Al menos hilvanarlo para no tener que repetir lo mismo una y otra vez y podamos pasar al siguiente experimento.

En ese componer y recomponer continuo los recursos ya no se van, como le preocupa a Rendueles, en normalizarnos a través de una decoración con fecha de caducidad muy corta sino en construirnos entornos de relación donde seamos capaces de imaginarnos a nosotros mismos al menos el tiempo que tardamos en construirlos y aprenderlos. Claro que el peligro de “burocratizarse” es alto, Preciado propone la monstruosidad como arma disuasoria, ¿habrá otras?

4 comments on “Más allá de la decoración grotesca y los monstruos en el armario

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