Lambert i Xabia, catálogo MuvimEl viernes pasado fuimos de excursión a Xàbia a ver la exposición itinerante “Els Lambert i Xàbia. 1920-2014″, que ya ha pasado por el Mubag de Alicante y el Muvim de Valencia. Yo vi la segunda y ahora tenía mucha curiosidad por verla en Xàbia y contrastar la vida de André Lambert, uno de los primeros turistas que se quedaron a vivir, con las de los miles que ahora residen en esa zona tan turística.

Como todos ellos intentan ahora, André Lambert y su mujer, Raquel, construyeron su arcadia cerca del Portixol, en la Cala Blanca, un lugar recóndito por entonces, que llegó a llamarse “Cala del Francés” (pues eran suizos franceses). En su búsqueda de lo auténtico hicieron la primera operación de reconstrucción del paisaje en la zona, repoblándola de pinos y construyendo su Domus Lambertina, según la tipología arquitectónica del lugar y con tanto detalle como cualquiera de sus obras de ilustración. Lo interesante es que esta tipología aún no se había definido como tal en aquella época, fue la mirada extranjera la que, digamos, la “inventó”. Hasta el punto que durante toda su vida, Lambert fomentó la protección de los paisajes y construcciones que había convertido en dignas de rescate. Así, fue precursor del proteccionismo del patrimonio y el paisaje de la zona, al que tanto quería.

Grabado Lambert en El QuijoteMientras vivían allí, André realizaba su trabajo de ilustrador a distancia, gracias a sus contactos en París y Europa Central con los que siguió colaborando con sus ilustraciones y grabados. Desde su taller de grabado en la Cala Blanca realizó sus dibujos cargados de erotismo e ilustró grandes clásicos junto con personajes y paisajes de la zona, a los que retrataba incansablemente. Los viajes de ida y vuelta eran frecuentes y tantos le visitaron que inundaron Xàbia de un eruditismo impensable.

Por ejemplo, su padre, André Louis Lambert, un arquitecto suizo que había estudiado con Violet-le-Duc, venía a visitarles a menudo y pasaba largas temporadas. En esas visitas, aprovechó para dibujar las tipologías de casas y edificaciones de la zona que dio a conocer en revistas internacionales. También se reunían allí intelectuales europeos alrededor de la revista Janus (escrita en latín) que incluso tuvo un número dedicado a Xàbia. Y otros amigos que terminaron también construyéndose una casa en Xàbia. Lambert se convirtió en una referencia cultural en la zona, maestro para algunos, todos pasaban por allí en sus excursiones.

 

El efecto Lambert

Personas como Lambert se encuentran ahora en todas las zonas turísticas (y no tanto) y desde la sociología los han llamado migrantes placenteros (o lifestyle migrants). Para aquella época y por la característica de su actividad Lambert ya fue una especie de trabajador nómada que, sin embargo, estaba fuertemente comprometido con un lugar. Es por ello que me parece un buen punto de partida para seguir desarrollando aquel modelo distribuido de acción sobre el territorio que demuestra que los territorios ya no son continuos y que, quizá, nunca lo fueron. Esos turistas residenciales de los que hablábamos hace poco, también tienen un fuerte compromiso con el lugar de destino, aunque seguramente no de la misma forma.

Es bonito ver en la exposición cómo la historia de los Lambert sigue tan de actualidad: es común que en un viaje (real o imaginado) otro lugar nos descubre la posibilidad real de un modo de vida que nos parece un sueño. Es entonces cuando puede ocurrir el “efecto Lambert” y que arriesguemos a hacer un cambio radical de residencia, aunque sea temporalmente, para que ese sueño pase de ser una excepción vacacional a un estilo de vida cotidiano.

Los detalles de cómo se construye materialmente esa nueva vida deberían ser tenidos más en cuenta por el “lugareño”, pues estos migrantes son especialistas en construir “buenas vidas”, una aspiración que todos deberíamos compartir. Y muchísimo para los que quieren participar activamente de la construcción del entorno que “recibe” a estos migrantes, pues ellos están siendo capaces de construir hábitats exitosos que añaden razones para quedarse, al menos para cierto tipo de perfil.

 

El mundo a nuestro alcance

El año pasado por estas fechas hablaba de un gráfico que muestra cómo los trabajos que se han perdido en la crisis no se recuperarán. Su tesis es que los cambios tecnológicos harán muchos de ellos inútiles. Veíamos cómo los trabajos que sí se mantendrían son los que tienen alto grado de creatividad o en los que la interacción humana es importante: los que una máquina no puede sustituir.

En los últimos años, cada día vemos cómo muchos compañeros y conocidos emigran (por razones económicas y no placenteras) a países donde se están manteniendo los trabajos más sustituibles o ya existen de los menos sustituibles. Lo bueno es que están teniendo una experiencia equivalente a la del migrante placentero: enriquecedora vitalmente y que amplía sus horizontes y su imaginación moral y sobre las formas de vida posibles, permitiéndoles reconstruir sus vidas de nuevas maneras. Pero normalmente no tienen tanta capacidad de elección como el migrante placentero, él elige a qué renunciará y a qué no. No es mejor ni peor, simplemente es un tipo de migración que da mucha importancia al estilo de vida y al lugar, de ahí que nos interese tanto. Una de las diferencias clave es la que apunta Karen O’Reilly, una de las sociólogas que generalizó el término: insiste en que los migrantes placenteros no echan de menos su lugar de origen, es ahí mismo donde quieren estar, porque ese lugar les permite construir una vida como la que habían imaginado.

Por eso este año, siguiendo las investigaciones sobre los turistas en la Costa Blanca, quería añadir otro gráfico:

mundo_balance_neto_turismo

Representa los países del mundo según el balance de turistas que entran al país menos los que salen. España está a la cabeza con Francia, lo que significa que, por placer, salimos poco y entran muchos. Dejemos el análisis de las causas para otro día y pensemos que esto es una gran oportunidad para los que viven en estos lugares receptores tan poco dados a salir: tienen el mundo en sus manos. Pues muchos de los que vienen sucumben al “efecto Lambert” y vuelven a ese lugar que visitaron como turistas a construir su nueva vida.

Y algunos consiguen habitar esos territorios de forma placentera así que podemos aprender mucho de ellos, en especial, cómo se construyen lugares dignos de ser vividos.

5 comments on “El efecto Lambert o cómo aprender de los migrantes a construir un hogar

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