The temporality of the Landscape es uno de los artículos más conocidos de Tim Ingold. Aunque ya tiene 20 años recuperamos el concepto de taskscape como herramienta para conocer nuestros contextos de trabajo e involucrarnos en ellos. Es este artículo al que estremos continuamente referenciando.

Las ofertas que hacemos, ayudados por nuestros mitos, transductores y otras herramientas de reflexión y decisión, se insertan en contextos o entornos que van más allá de nosotros y nuestro cliente, incluso de nuestros entornos profesionales. Desde “el lugar” en el que estamos trabajando influimos otros “lugares” con un alcance que nos sorprendería, y lo mismo ocurre al revés, somos influidos por flujos que llegan de muy lejos. En lugar de acongojarnos y paralizarnos (o peor), conocer esos flujos nos permite “surfearlos”, usar sus dinámicas a nuestro favor. Es más, en un mundo hipercconectado, no saber hacerlo nos deja a la deriva.

Aclaraciones previas

Siguiendo con el espíritu de esta serie, entendemos que el contexto no es algo teórico, como un marco o una explicación, sino que es un contexto material, algo construido, físico, real. Y lo más importante, que sólo puede conocerse en la práctica activa. Esto no significa que dejemos a un lado los aspectos “inmateriales” como las interacciones sociales, lo cultural, etc… Al contrario nos interesan mucho estos aspectos para poder modificar un entorno, sin embargo, incluso éstos los rastrearemos y estudiaremos desde lo perceptible.

Para ello, vamos a fijarnos en la “formas” de ese entorno, pues nos dan mucha información cuando sabemos preguntarles bien. Normalmente un acercamiento así se consideraría “paisajístico” y sería una práctica de representación de una imagen o de un telón de fondo. Efectivamente, del paisajismo nos interesa su objeto y el formato, pero con el taskscape ambos se modifican sustancialmente.

Por otro lado, puede parecer contradictorio hablar de paisaje a la vez que hablamos de flujos, mundo hiperconectado, etc. Pues el paisaje es un sospechoso habitual entre las prácticas de “fijación” de identidades, como los trajes regionales por ejemplo. Los estudios que demuestran esta relación son muchos y, gracias a Ingold, podremos evitarla. Pues el objetivo de ese artículo y del propio término taskscape es separarse de la idea de fijación, temporalizando el paisaje. Con el taskscape trabajaremos sobre “el mundo tal como es conocido por los que en él habitan, los que habitan en sus lugares y viajan a lo largo de los caminos que los conectan”. Veamos por qué, cómo y un buen ejemplo.

Taskscape: un paisaje en movimiento

Al contrario que landscape, que pone su énfasis en la forma cristalizada, taskscape pone el énfasis en el movimiento. Es el campo de prácticas que se despliega alrededor del practicante activo, su paisaje material y temporal, la unión de los diversos ritmos de sus actividades y las de un entorno que se abre a lo largo de su camino al involucrarse perceptiva y materialmente en él.

Taskscape es un término acuñado en 1993 e Ingold no ha seguido usándolo demasiado porque al principio lo vinculó a una ‘perspectiva habitacional‘ (dwelling perspective) que, siendo heredera de Heiddegger, estaba demasiado anclada a un lugar, con un aura demasiado local que no sintonizaba con el énfasis en el movimiento (Ingold, 2011, p: 12) que ocupaba su trabajo desde entonces, centrándose más en las líneas, la vida y el hacer. Sin embargo, éstas estaban ya implícitas en el taskscape y lo recupero porque me parece que puede ser una herramienta muy útil para conocer los entornos en que trabajamos.

Para empezar a desarrollar esta herramienta, será útil aclarar el matiz por el que la perspectiva habitacional no convence a Ingold. En su estudio de Heidegger, explica cómo la metáfora de hacer un claro en el bosque con la que explica que construyendo estamos habitando, supone la delimitación de un espacio y el establecimiento de fronteras. El constructor habitante de Heiddegger revela un espacio a su alrededor quitando de enmedio todo lo que amenzaría su existencia (Ingold, 2011, p: 82) y estableciendo un perímetro. Esto es incompatible con la concepción de Ingold de una vida abierta formada por líneas de crecimiento que se entrecruzan. Y también con la que intentamos desarrollar aquí: conocer los flujos y las trazas para trabajar con ellas. Por tanto, para conocer el taskscape no podemos delimitarlo, no es un territorio o un espacio que se marca con fronteras, “no hay dentro y fuera, sólo aperturas y caminos a través”.

Siguiendo con esto, entendemos porqué preferimos el formato del paisaje al de la cartografía, por ejemplo. Como Ingold explica, el pasiaje no es el espacio visto y dibujado desde fuera. La herramienta que queremos no es la cartografia, pues vamos a sentir y percibir desde dentro.

Tampoco el formato que buscamos es el de los estudios de ecosistemas ambientales (con su diagramas de relaciones), porque no nos centraremos tanto en la función como en la forma. Aunque al hablar de forma la entenderemos relacionalmente, no como si fuera algo ya prescrito en la genética o los diseños que simplemente toma cuerpo en la realidad. Pues “las formas del paisaje no están pre-preparadas para que la gente viva en ellas – ni por la naturaleza ni por la mano del hombre – porque es en el proceso mismo de habitar que estas formas se constituyen.”

Tareas y ritmos

Bien, con lo que llevamos hasta ahora, ya hemos repasado algunas ideas del artículo en que Ingold usa el taskscape. Hemos explicado que el paisaje no es medible, cartografiable y fragmentable como el espacio, ni delimitable como el territorio, ni un ecosistema en que se reparten funciones, ni un diseño preconcebido.

La siguiente tesis de Ingold es la que nos hace ver que tampoco es una imagen fija y que modifica el formato heredado del paisajismo. Por eso es que busca las tareas, para hablar de la temporalidad. Además, con ellas puede hablar de un tiempo no fijado desde fuera (cronológico) sino desde la experiencia y la percepción.

Igual que la cartografía nos ofrece una posibilidad imaginaria de ver todo el espacio al mismo tiempo, la cronología nos permite imaginar que podemos ser espectadores y no participantes del desempeño de nuestras tareas y, por tanto, del tiempo: “como si pudiéramos tener un punto de vista separado del proceso temporal de nuestra vida en el mundo y vernos a nosotros mismos ya envueltos en esta tarea, ahora en aquella, en una serie interminable de presentes instantes.” Hemos visto que no hay fronteras en el paisaje, sólo en las actividades humanas o de no-humanos. Pues ni siquiera en ellas hay momentos separados de tiempo, el quehacer de la vida es continuo.

Las variaciones de esta tiempo se reconocen en “ritmos, pulsaciones y latidos de las sociedades en que se encuentra”. Por ello, la forma temporal del taskscape se refleja, mejor que en cualquier otro género artístico, en la música. Y como en ella, “al observar, escuchar, tal vez incluso tocar, continuamente sentimos la presencia del otro en el entorno social, en cada momento ajustando nuestros movimientos en respuesta a este monitoreo  perceptual continuo. Para el músico de orquesta, tocar un instrumento, observar al director y escuchar a sus compañeros instrumentistas son aspectos inseparables de un mismo proceso de acción: por esta razón, los gestos de los intérpretes se puede decir que resuenan entre sí.”

Qué buscamos

Asi que tomando la música como ejemplo y siguiendo el artículo de Ingold, podemos ya imaginar qué buscaríamos en el entorno o contexto que el taskscape, como herramienta de trabajo, nos de pie a conocer:

  • actividades de habitar en que la gente (u otros seres) estén realmente involucrados, pues estas no pre-existen en un diseño, como la música “que no pre-existe en una partitura más de lo que un pastel existe en la receta para hacerlo”
  • ciclos y repeticiones que en la música como en la vida social, son esencialmente rítmicas en lugar de metronómicas
  • también como en la música, en el taskscape podemos encontrar momentos de mayor tensión que demandan una resolución
  • el entretejido de muchos ritmos simultáneos entre los que podemos decidir cuál tomamos como el tempo al que referimos el resto

No me resisto a hacer referencia a las películas musicales :D. Pues, además de ser un delicioso canto a la vida, combinan la idea de paisaje, tareas y ritmos. Dejo unos ejemplos de entre mis favoritos (me ha costado mucho elegir) para aliviar la lectura:

¿Por qué centranos tanto en la forma?

… si hablamos de tareas, ritmos tiempos… Ingold nos lo explica comparando la música con la pintura, el formato por excelencia del paisajismo como “fijación”:

Normalmente, “el trabajo real de pintar se subordina al producto final, el primero se oculta a la vista por lo que sólo este último se convierte en un objeto de contemplación”. Sin embargo, como buen antropólogo Ingold busca en otras sociedades no occidentales para ver si esto es siempre así. Y efectivamente, en algunas no lo es: “el orden de prioridad se invierte: lo esencial es el acto de la pintura misma, cuyos productos pueden tener una duración relativamente corta – apenas percibidos antes de ser borrados o cubiertos. El énfasis aquí está en la pintura como representación/actuación. Lejos de ser la preparación de objetos para futura contemplación, es un acto de contemplación en sí mismo. Así, también, es la ejecución o escucha de música. (Ahora) el contraste entre la pintura y la música parece menos seguro. Se convierte en una cuestión de grado, en la medida en que las formas perduran más allá de los contextos inmediatos de su producción.”

Por eso nos interesan la formas, lo material, porque nos permiten conocer aún cuando no estamos presentes. Permiten la asincronía.

Pero, al intentar conocer un entrono o contexto mediante el taskscape no podemos tratarlo como un objeto, con una forma cerrada que podamos describir, dibujar o reproducir. “Se trata de un proceso de vivo; hace a los hombres; es hecho por ellos” Al igual que con la música, las formas del paisaje se generan en movimiento. estas formas, sin embargo, se congelan en un medio sólido. Gracias a su solidez, los rasgos del paisaje permanecen disponibles para la inspección mucho después de que el movimiento que les dio origen ha cesado.”Así pues, las formas, los registros sólidos, sean una cadena de bits grabada en una memoria digital, herramientas, cuerpos, etc… nos servirán como trazas desde las que conocer patrones de actividad. Por ejemplo, “si reconocemos los andares de un hombre en el patrón de sus huellas, no es porque los andares precedieron a las huellas y fueron “inscritos” en ellas, sino porque tanto los andares como las huellas surgieron del seno del movimiento del andar del hombre.”

Las actividades, ¿de quién?

Para comprender un entorno no podemos conformarnos con seguir las actividades de los humanos, por eso desde el principio hemos establecido que queremos conocer y aprender flujos.

Como explica Ingold, los cazadores “están alerta a cualquier visión, sonido u olor que revele la presencia de animales, y podemos estar seguros de que los animales están igualmente atentos a la presencia de los seres humanos, como lo están también unos a la de los otros. A mayor escala, los viajes de los cazadores a través del paisaje, o sus oscilaciones entre la obtención de diferentes especies animales, resuenan con los movimientos migratorios de los mamíferos terrestres, aves y peces”

Pero tampoco podemos quedarnos en una definición rápida de los seres animados. Pues, como demuestra el documental La vida secreta de las plantas, o todos los que “animan” volcanes glaciares y montañas u otros fenómenos naturales, son más de los que nos pensamos. La animación es, de nuevo, una cuestión de grado y todos estos “seres” son animados en el sentido de que “son conscientes de su entorno (incluidos nosotros) y porque actúan en ese entorno (incluidos nosotros)”. En otras palabras, no sólo actúan, sino también ofrecen la posibilidad de interacción.

Más videos para amenizar:

Además, “los ritmos de las actividades humanas también resuenan con otros fenómenos rítmicos – los ciclos de día y noche y de las estaciones del año, los movimientos geológicos, los vientos, las mareas, etc. En muchos casos, estos fenómenos rítmicos naturales encuentran su causa última en la mecánica del movimiento planetario, pero nosotros resonamos con los ciclos de luz y oscuridad, no con la rotación de la tierra, a pesar de que el ciclo diurno es causado por la rotación axial de la tierra. Y resonamos con los ciclos de crecimiento y putrefacción vegetativa, no con las revoluciones de la tierra alrededor del sol, a pesar de que éstas causan el ciclo de las estaciones.”

Es decir, y esto es importante, que interactuamos con los flujos o ritmos que podemos percibir directamente. Éstos son los que podemos conocer.

Conclusión práctica

Como hemos visto, el taskscape no es algo delimitable y por tanto, no es cognoscible en su totalidad. Con esto, podemos llegar a la enormidad de un proyecto de aprendizaje que nos supera. Lo cual no es malo en sí mismo 🙂 pero por algún sitio hay que empezar. En nuestro trabajo queremos conocer el entorno o el contexto para aprender a actuar no para explicarlo.

Propongo usar el taskscape como una herramienta práctica con la que involucrarnos con distintos agentes en la construcción del entorno. Por tanto, aprenderemos primero sus patrones de actividad, viéndolos, siguiendo sus trazas, imaginando sus historias.

Queremos poder actuar en ese entorno, lo que significa interactuar con ellos.

Para ello, tenemos que educar nuestra atención y colocarnos como aprendices de todos esos seres y flujos de actividad. Implicarnos “perceptualmente con un entorno que está en sí mismo preñado del pasado” y del futuro, pues la asimilación de todas esa tareas ya realizadas nos permite seguir realizando nuevas. Viajaríamos por el taskscape como el cazador novato, que “viaja a través de la región con sus mentores, y mientras pasa, le son señalados rasgos específicos. Otras cosas las descubre por sí mismo, en el curso de las exploraciones, observando, escuchando y sintiendo”.

Coda, un ejemplo para una tarea pendiente

la_cosecha_bruegel

Como explica Ingold, “tanto para el arqueólogo como para el habitante nativo, el paisaje cuenta – o mejor dicho, es – un relato, una ‘crónica de la vida y el habitar’“. Un cazador experimentado conoce esos relatos, de hecho, es él quien los cuenta. Estos relatos no son las descripciones académicas, cartográficas, o cronológicas del entorno, ni informes de campo, ese sería el formato de antropólogos, etnógrafos o arqueólogos.

Obviando que los últimos tengan la voluntad de ser “más verdad”, pues sabemos que para realizar ambos, se está reconstruyendo el taskscape al mismo tiempo que se lo conoce. Lo que tienen en común es que al mostrarlos o contarlos ambos tipos de formatos transmiten un conocimiento a sus aprendices o pares. Pues contar un relato, es “una forma de orientar la atención de los oyentes o lectores en ella. Una persona que puede ‘contar’ es alguien cuya percepción está sintonizada para recoger información en el ambiente que otros, menos hábiles en las tareas de percepción, pueden perderse, y el narrador, al hacer su conocimiento explícito, conduce la atención de su audiencia a lo largo de los mismos caminos que la suya.”

Como arquitectos, quizá debiéramos darle una vuelta a los formatos en que conocemos y reconstruimos el paisaje. No será, creo yo, el que heredamos de disciplinas “descriptivas” como los “informes de hormiga” que vemos en la TAR, por ejemplo, porque nuestro objetivo es transformar no describir.

Propongo como ejemplo, a parte de los videos musicales, el mismo ejercicio que Ingold hace al final del artículo The Temporality of the Landscape. Como decía al principio, el taskscape modifica el formato del paisajismo, esto os aseguro que lo demuestra.

A partir de la pintura de Bruegel “La cosecha”, es capaz de convertir un paisaje estático (y probablemente fruto de una idealización aunque no sé si tanto de un intento de fijación de una identidad nacional por la época en que se pinta) en algo vivo, simplemente con sus palabras. Lo hace con un pequeño truco digno de Mary Poppins: en lugar de quedarnos fuera mirando la pintura, nos mete dentro de ella con sus palabras y dirigiendo nuestras sensaciones y percepciones aprendemos ese paisaje.

Os recomiendo la experiencia pues leyendo sólo esa parte podéis hacer un repaso a todo lo que hemos visto en este post. Y, para agradecer que leyérais hasta el final, os dejo con un último vídeo:

9 comments on “Taskscape: el paisaje como herramienta de conocimiento y acción

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