En los comentarios a los anteriores posts, Alfonso recuperaba al hacker. Y es que tanto hablar de arquitectos a lo mejor nos estábamos poniendo nerviosos en aRRsa!. Es muy pertinente, pues entiendo que en la figura del hacker se condensan dos cosas que estamos intentando recuperar en esta serie: la orientación práctica dentro de un mercado y la reflexión sobre el hacer para mejorar.

AB-strip2473-web-SPLos arquitectos, en sus caricaturas, pueden parecerse a un hacker. Hacen por el gusto de aprender, por el mismo asombro de las cosas, y a veces se pasan… No es casualidad que Ayn Rand, cuando aún no existía la informática, tomara la figura de un arquitecto para representar sus ideales individualistas y libertarios.

Pero a mí no me gusta hablar de “profesiones imaginadas” sino desde maneras de hacer. Entiendo que hay gente que trabaja programando que lo hace desde la ética hacker y otra que no, y lo mismo para los arquitectos. Así que cuando leáis arquitecto, sabed que es una abreviatura para “hackers de la construcción del entorno“.

El hacker es alguien práctico que quiere hacer cosas con las habilidades que tiene. Ya sabemos que el hacker no hace sólo, sino dentro de ciertas comunidades de pares de las que toma y aporta conocimiento. duty_callsPorque así es más divertido y porque, para el hacker, es absurdo que las cosas se hagan dos veces, quiere hacer mejor lo que ya se ha hecho o hacer lo siguiente, apoyado en lo que existente. De estas comunidades es de donde saca sus ideas y ganas de hacer y mejorar.

Pero seamos realistas, hacer las cosas no es sólo pensarlas (de hecho, lo que no paro de repetir estos días es que sólo haciéndolas pueden pensarse). Lo malo de hacer es que es real, significa tiempo, materiales, equipo, cafés, ancho de banda, papel, tabaco, transporte, comida, descanso, libros,… O sea financiación.

Y aquí es donde entra el cliente.

El hacker tiene una relación de amor y odio con el cliente. Esto es lo que decía el personaje de Rand, Howard Roark:

I don’t intend to build in order to have clients. I intend to have clients in order to build

Ahora no diríamos algo así, aunque a veces lo pensemos 😉

fountainhead-2Bromas a parte, el cliente no es sólo la financiación de la realización de nuestras ideas, ni mucho menos. Pensar así es lo que hace que la mayoría de gente no crea que contratar un arquitecto le aporte nada, al contrario. Es interesante analizar las razones que la gente tiene para no hacerlo. Andrew Pressman lo hace en su libro Curing The Fountain Headache: How Architects And Their Clients Communicate, que parte precisamente del mito que Ayn Rand creó con El Manantial, en el que intenta mejorar las relaciones con el cliente de los arquitectos. Los clientes ven el trabajo de un arquitecto como un añadido, un lujo que sólo los ricos pagarían como una forma de mecenazgo para que los arquitectos hagan su arte.

Sin embargo, un hacker programador es más consciente de la necesidad de financiación, de su obligación de conseguir clientes, porque su trabajo no está asegurado por atribuciones legales. El arquitecto, según apunta Pressman, tiene un handicap en su formación, en la que normalmente se premia y trabaja la inspiración frente a la resolución de las necesidades de los clientes. Y otro en su propio oficio, pues a diferencia del programador, su trabajo no queda realizado, es sólo un diseño que otros llevarán a cabo. Otros que, como el cliente, muchas veces nos verán como un obstáculo en su hacer. No es casualidad que, con la crisis, muchos arquitectos estén reconvirtiendo sus empresas a pequeñas constructoras o asociándose con ellas para salvarlo.

Entonces, ¿qué porta el cliente? (además de financiación)

Precisamente, por querer resolver sus necesidades, el cliente nos obliga a enfrentarnos a la realidad. Y nos da la maravillosa oportunidad de contrastar nuestras intuiciones que, sin esa realidad, se agotan pronto. El proceso de diseño, prototipado, puesta en obra,… de cualquier idea es, en definitiva, un proceso de toma de decisiones. Las intuiciones e ideas no tienen suficiente datos para informar la correcta toma de decisiones. Un cliente involucrado es una mina de datos, feedback, cuestionamientos, preguntas y reafirmaciones. Si no estamos de acuerdo en algo, nos vemos obligados a repensar, fundamentar e, incluso, demostrar lo bueno de nuestras propuestas.

La importancia de la relación

Una de las máximas de los hackers es fallar rápido y barato. Si trabajamos con ideas y diseños, el peligro está en dedicar demasiadas horas a darle vueltas y vueltas a nuestras ideas, o en definirlas demasiado y que luego no se acepten. Eso nos hace perder tiempo y dinero. Así, vemos que una buena relación con el cliente es aquella en la que diseñador, cliente y el resto de agentes involucrados trabajan juntos probando y contrastando los avances. Es por ello que metodologías como el Bauteam alemán estén ahora en auge. Simple sentido común.

Y por ello, no tan fácil de conseguir. Y menos cuando queremos experimentar nuevas ideas, tecnologías o sistemas.

En estos casos es cuando vemos que crear un contexto de entendimiento no es sólo firmar un buen contrato, ni siquiera tener un buen método para relacionarse, como el de Livingston, o un buen marco de trabajo, como el del Bauteam. Hace falta que el cliente comparta nuestro nuestra “visión”. Que esté dispuesto a trabajar y arriesgarse por ella, en fin, que sea también su visión.

Entonces es cuando el cliente deja de ser alguien que está frente a nosotros para ser un compañero de aventuras. Cuando aplicaría aquel viejo dicho de los arquitectos de que “no hay buena arquitectura sin buenos clientes”. Volviendo a los hackers, ellos son los que más tranquilamente han conseguido normalizar este tipo de relaciones entre cliente y profesional o empresa. En sus comunidades de desarrollo, la línea entre cliente y colega de trabajo se desdibuja. Aparece el bricoleur.

La pregunta que queda entonces es cómo conseguimos generar este tipo de relaciones con estos clientes aventureros.

Mitos y otras herramientas narrativas

405px-ThorLo que necesitamos es algo que condense los objetivos, pero que lo haga de forma flexible, que haga más hincapié en los valores que hacen que esos objetivos tengan sentido que en los propios objetivos. Algo que nos sirva para explicarnos.

Este es el papel que, tradicionalmente, han tenido los mitos en la sociedades y que, en realidad, nunca ha dejado de hacerse. Con esta revisión de la mitopoiesis, vemos que los mitos no son sólo cosa de los antiguos. Porque los mitos son mucho más potentes para establecer un contexto de entendimiento que cualquier contrato, pues por su simbolismo, van más allá de establecer las formas en que vamos a intercambiar bienes. Como explica Fernández-Savater en el artículo enlazado: “No es lo mismo (…), una comunidad unida por lo que contempla pasivamente en alguna pantalla mágica, que otra reunida en torno a lo que hace; no es lo mismo una comunidad con ritos y formas complejas y flexibles de intercambio simbólico que otra que no puede echar mano más que de los tribunales”.

En esta búsqueda particular de la heurística, hacernos conscientes de nuestra posibilidad de crear nuevos mitos es una herramienta potentísima para redefinir nuestro lugar en el mundo y, concretamnete en lo que nos concierne en esta serie, nuestro quehacer.

Como explica David de Ugarte, los mitos se hacen colectivamente y su creación no es un proceso inmediato. Cuando trabajamos con un cliente, quizá tengamos la suerte de poder ir destilando estos mitos, poco a poco, con él. Pero también podemos crear nuestros mitos internos y que los clientes se vayan adhiriendo a ellos. Un bello e inspirador mito es casi una forma de captar clientes “de los buenos”: los que compartirán nuestra visión, valores y formas de hacer, que nos permitirán, juntos, marcarnos objetivos concretos. Un mitología interna coherente se convierte en un gran valor diferencial para el profesional.

Que es y no es un mito:

  • aunque tiene una simbología no es un logo ni una mascota
  • aunque es coherente con nuestros carácteres no es una “persona”
  • aunque hay una historia con acción y está basada en hechos reales no es sólo una narración histórica ni una leyenda
  • aunque es bello y atractivo como un buen cuento su función es más que entrentener
  • aunque nos permite explicar(nos) porqué hacemos las cosas de determinada forma y pueden resumirse en paremias, son más extensos y elaborados
  • aunque evocan imágenes, explican escenas y nos envuelven en un universo, son más que audiovisuales o universos
  • aunque encarna valores morales no es sólo storytelling o fábulas
  • aunque (y precisamente porque) embeben creencias nos son unívocos sino que pueden interpretrarse de muchas formas y permiten la diversidad y la evolución de la comunidad, no son totalitarios
  • aunque tiene cierta función divulgativa no pretende ser universal ni gustar a todos, al contrario

Ejemplos de creación de mitos

Para ver la mitopoiesis en acción, no se me ocurre otro lugar mejor que La Sociedad de las Indias Electrónicas. Leer y ver sus mitos funcionando e, incluso, en formación, es un regalo.

También podemos descubrir joyas de la creación de mitos en lugares más inesperados. Por ejemplo, Javier Meléndez, guionista, desentraña en su blog y en Yorokobu algunos de los mitos contemporáneos que estamos viendo formarse en tiempo real. Me interesa especialmente este caso porque vemos claro que en los mitos actuales los buenos y malos vuelven a no estar tan claros, tal y como ocurría en la antiguedad (griega, nórdica, egipcia o americana): los héroes, dioses y criaturas viven, aprenden y evolucionan gracias a sus aventuras y quehaceres, como la vida misma.

6 comments on “Buenas historias, buenos clientes

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