tapa Opus Dei BEste libro es una maravilla imprescindible para el que le gusten las palabras y la arqueología y nunca hubiera pensado que pudieran juntarse de forma tan trepidante (si ese adjetivo se puede aplicar a la filosofía…) o, para los que les canse tanta palabra en latín, es un referente necesario con el que entender las nuevas formas de hacer y ser.

Lo conocí a través de Juan Urrutia y le estoy muy agradecida pues nunca había leído directamente a Agamben, sólo refrencias a su obra. Me ha recordado a un gran profesor de religión que tuvimos, el padre Gallach, que nos enseñaba a hacer exégesis de textos antiguos de la biblia y con ellas, sorprendentemente, conseguía encandilar a toda una clase de 40 alumnos de 16 años. Y es que hay algo mágico en preguntar a las palabras.

Agamben lo demuestra. Para empezar, en la misma selección de las palabras: oficio, liturgia, efecto, hábito… Que le responden con la evidencia de que “no disponemos hoy de otra experiencia del ser que no sea la operatividad“. Con estas preguntas su objetivo es seguir a su maestro Heiddegger en la reconstrucción de las distintas transformaciones y traslaciones de estas palabras para “destruir” la ontología de la modernidad.

Una ontología del mando que llegó llega a su realización plena en la obra de Kant. Que ya no sólo iguala el ser al deber/ser sino que reconoce que el único acto libre que esta ontología permite es “la conciencia de la subordinación de mi voluntad a la ley”. O en palabras de Kant: el “deber poder querer”, que explica la vinculación de la modernidad con el universalismo y cuyo antecedente religioso Agamben destapa. Como dicen en la reseña de la editorial PreTextos: “Del funcionario al militante, la acción humana se ha configurado según el modelo de proceder del sacerdote, en el cual lo que es el hombre se reduce a lo que el hombre debe hacer. Una estrategia en la que el pensamiento sismográfico de Agamben registra las primeras fisuras.”

Con ese registro el libro intenta ser una base para la práctica, la enunciación de una tarea por realizar: “El problema de la filosofía que viene es pensar una ontología más allá de la operatividad y el mando, y una ética y una política totalmente liberadas de los conceptos de deber y voluntad”

De entre las fisuras yo apunté algunas ideas muy sugerentes:

  • la liturgia griega y luego romana no era algo muy alejado de lo que ahora conocemos como “aportaciones al procomún” que se veían “como un modo de procurarse honor y reputación” aunque no del todo liberadas del sentido del deber, quizá se podrían trasladar y pensarlas más movidas por el gusto de hacer para aprender
  • “la esencia metafísica de la técnica no se comprende si sólo se la entiende (como Heiddegger) en la forma de la producción. Ella es también gobierno y oikonomía (economía)”, y tiene más que ver con las liturgias que con la producción causal. Porque la tecnología son haceres no herramientas, es algo así como los hábitos encarnados materialmente (o en bits)
  • Y los hábitos hacen al monje: el oficio “es aquello que hace que un individuo se comporte de modo consecuente”, “aquello que hace gobernable la vida”. Por eso es normal que, en este mundo sin heurística, los oficios preestablecidos estén tan en extinción como las instituciones que los gobernaban
  • Construir un relato nuevo propio, unas reglas propias, no es sólo cuestión teórica, sino práctica, para poder “ejercer”, hacer y evitar la parálisis o el deambular ciego.
  • Al destapar el mando, el masoquismo que supone y el imperativo universlista, no podemos evitar imaginar un mundo donde cada cual tendría la libertad (y la responsabilidad) de buscar su oficio, su modo de ser consecuente e instituirlo para sí…
  • en interacción o conversación con (volviendo a las liturgias de las primeras comunidades cristianas) la comunidad o comunidades con las que comparta los recursos, materiales, herramientas, hábitos o mitos para sus haceres

En resumen: en lo que viene después de la modernidad, haremos no para tener que ser sino porque somos, formando un oficio, nosotros mismos, en el contexto que nos parezca valioso y nos sienta valiosos, el que seamos capaces de enlazar con nuestro singular hacer.  Constituyéndonos, según Agamben, como:

El ser que viene, el cual-sea (o Cualquiera), que no es “el ser no importa cual, sino el ser tal que, sea cual sea, importa…

12 comments on “La arqueología del oficio de Agamben

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