El territorio no es continuo, esta es la hipótesis. Y este post apunta unos primeros esbozos que me gustaría ir argumentando de forma más completa.

El territorio sólo es continuo en el modelo matemático que permite saber que ésto está a ‘X’ distancia de aquello en el momento ‘Y’. Algo muy útil pero a lo que hemos dado demasiada importancia en nuestro imaginario personal y vida cotidiana. Las tecnologías de transporte que nos permiten ir rápido de un lado a otro o las de comunicación que nos permiten “estar” en otro lugar sin movernos, cambian la percepción de esa continuidad y su efecto en nuestras vidas. Desde las primeras señales de humo o los primeros viajes en carruaje, dejamos de experimentar el territorio como algo continuo.

Psicogeografía DebordCreo que los primeros que fueron plenamente conscientes de ésto fueron los situacionistas, ellos, capitaneados por Debord en sus derivas, cortaron el mapa en trocitos para representar un París, su París, en un momento dado. Los trocitos se separaban entre ellos según las “unidades ambientales” que el paseante percibía después de su deambular por la ciudad. Ésto, que fue una reacción al París de Haussman y a la disciplina urbanística (inventada en ese preciso momento y hecho desde fuera y no desde dentro), no es otra cosa que volver a la realidad de la percepción y el uso. Ese gesto de cortar el mapa turístico, de romper el tablero la continuidad y reorganizarla para una persona o comunidad concreta, se les pasa a muchos cuando hablan de o replican las derivas situacionistas. Basta una búsqueda en google para ver que la mayoría de experiencias mantienen el mapa intacto y sólo anotan sobre él. Como si esa disposición concreta del mapa fuese el mínimo común que compartimos entre todos, como si estar de acuerdo en que la Calle … está a continuación de la Avenida …. y es paralela a la Calle … fuera la última certeza disponible.

Pero al no atreverse a cortar los mapas, estas derivas pierden la gran oportunidad de volver a usarlos para lo que han servido desde antiguo, para contar relatos. O permitir al que lee el mapa recrear nuestro relato en su propia vida.

Un ejemplo que me encanta y que explica perfectamente este uso es el lienzo de Quauhquechollan (en la web hay una aplicación para navegar por el lienzo). Estos dibujos, a veces llamados mapas, no son descripciones físicas o políticas sino historias. Este ejemplo demuestra que los mapas son representaciones más temporales que espaciales. Como si dijeran, “después de tantos días de viaje (a cierto ritmo) llegamos a este lugar donde ocurrió aquello”.

Portulano mallorquínIncluso los mapas precursores a los que conocemos ahora, los portulanos, no eran más que un compendio de relatos de viajeros. En ellos importa la distancia y mucho, porque se dibujaron para facilitar la navegación marítima con brújula. Estos mapas permitían a las expediciones comerciales o exploratorias llegar a lugares en los que nunca habían estado. Los navegantes, en cada nueva expedición, anotarían las irregularidades para ir corrigiendo los mapas existentes, como si de un procomún de conocimiento se tratara, porque la certeza de encontrar los sitios en su lugar, no era absoluta. Por todo esto, los lugares no están situados uno al lado del otro como estamos acostumbrados a ver en los mapas cartográficos actuales. Se disponen según las direcciones de los vientos principales y marcando los puertos principales de llegada y los accidentes geográficos. No sólo incluían las rutas sino algunas indicaciones “culturales” de los lugares útiles para manejarse en ellos al llegar.

Es a finales del S.XVIII, al decaer el espíritu explorador y comenzar a desarrollarse el nacionalismo, que los mapas pasaron de ser herramientas para el viaje y el comercio marítimo a descripciones territoriales más útiles para la guerra y la gestión administrativa burocrática que para el viaje. Aparecen los mapas topográficos nacionales y los mapas políticos de estados nacionales o regionales.

Así que, si nuestro objetivo es habitar y movernos por un territorio, y no administrarlo, lo más importante no es qué está al lado de qué en la proyección de Mercator o Gall-Peters o en Google Earth, sino qué tienes cerca y quién está a tu lado.

Porque el territorio no es continuo, depende, como mostraron los situacionistas, de cada quién y de las derivas de su día a día. Es la vida la que es continua, el tiempo, nuestras 24 horas al día con sus 1440 minutos que  se suceden una y otra vez sin que podamos hacer nada para pararlos o volver hacia atrás o adelante (por ahora). Que nos embolsamos cada mañana al levantarnos, todos exactamente igual.

La propuesta y el plan estratégico tras esta hipótesis sobre la discontinuidad del territorio consiste en redefinir la cercanía en base al tiempo, nuestro tiempo, a lo que podemos hacer en las 720 horas que tiene cada mes y con quién las compartimos… Y no en base al espacio, o mejor, territorio para no cambiar los términos y liarnos. Esa es la clave.

Mapnificent, lugares accesibles en cierto tiempo en transporte públicoPor costumbre de mis estudios, por puro gusto y por necesidad práctica, me gustaría imaginar cómo sería una representación de nuestro territorio cercano. Antes de tomar en consideración las telecomunicaciones, que van a complicar la representación (aunque faciliten la vida), quiero exponer un ejemplo que apunta un camino a tener en cuenta. Se trata de la aplicación Mapnificent que muestra las áreas a las que puedes llegar en determinado espacio de tiempo con transporte público. En este artículo muestran un video de cómo usarlo para quedar a mitad de camino entre la casa de dos amigos o cómo buscar casa cerca del trabajo. Muy práctico.

Pero su base, su común denominador, aún son los mapas territoriales (o urbanos) continuos, en los espacios “cartesianos”. Como decía, las telecomunicaciones y el transporte rápido acaban realmente con esa continuidad y abren un montón de preguntas interesantes. Cuando estamos en un avión, en un tren o en un autobús, ¿dónde estamos? En un no-lugar y un lugar a la vez, como ya explicó Marc Augé. Aunque desde fuera pudieran situarnos en un mapa para atacarnos con un dron, nosotros no estamos en ese lugar, estamos en el tren mismo que se mueve. Y también ocurre con el móvil o el ordenador, cuando estamos usándolos, ¿dónde estamos?

Por otro lado, el tiempo que es continuo para una persona no lo es para varias juntas con las telecomunicaciones. Desde que se escribió o dibujó el primer mensaje apareció la asincronía. Y esto tiene una gran repercusión en nuestra vida cotidiana actual. Cuando leemos un email de hace unos días, ¿con quién estamos? Me di cuenta el otro día, cuando para explicar cómo podíamos haber desarrollado confianza Laura, Sonia y yo trabajando cada una desde un sitio y viéndonos muy poco, no se me ocurrió otra cosa que poner un pantallazo de mi bandeja de entrada marcando todos los emails que nos habíamos enviado en pocos días. Muuuuchos. Mucho tiempo juntas, pero poco a la vez ¿y dónde?

Y finalmente, si no consideramos sólo a las personas sino también a las cosas y a los no-humanos, podemos hacernos también algunas preguntas. ¿Cuál es el territorio de una verdura? ¿Su lugar de origen original o donde ahora es producido? ¿Para representar su territorio se debe considerar sólo la producción y no todas las posibilidades que nos brinda el transporte global?

Preguntas simplonas quizá pero que llevarían a un tipo de representación totalmente distinta. Una que no sirve para gestionarlo como una unidad sino para actuar en él. Que no lo toma por un telón de fondo con el que adornar nuestros discursos o actividades sino como un conjunto de posibilidades de acción. La que un modelo distribuido de acción en el territorio necesitaría. Y la que los navegantes y comerciantes contemporáneos usarían.

31 comments on “El territorio no es continuo – Derivas situacionistas, portulanos y nuevas representaciones

  • Esperando oir pronto, muy pronto, sobre la nueva cartografía neoveneciana.

    Creo que este es un punto más clave de lo que parece, no se si realmente el territorio no es continuo, pero lo creo es que, como entendimiento subjetivo, no es derivable en ninguno de sus puntos o en intervalos muy, muy pequeños (que son contextos comunitarios)

    Me encanta el concepto de la aproximación por tiempo al territorio, al nuevo local. Esperando ansioso de leer más me dejas 😀

    • Ooohh! Sería muy guapo hacer un modelo matemático… hay que verlo!

      Para la cartografía tengo algunas ideas relacionadas con esas preguntas y con los portulanos como referente. Por ejemplo, cuáles son nuestros instrumentos para ganar alcance y movernos? Para los comerciantes fue la brújula y el barco… Cómo son nuestros puertos, “fondagos”, patentes de corso, etc. Me flipo sólo de pensarlo =D

      Y sí creo que la clave está en la cercanía real, lo que sentimos como una extensión muy cercana de nuestra persona. Y una vez superados los lazos tradicionales e imaginados, sólo se me ocurre el tiempo como lazo a tener en cuenta. A parte me gusta porque creo que en la práctica nos hará ser más cuidadosos e intentar pasar el tiempo con quien nos significa más, como esta red nuestra :). Bueno, que me lío escribiendo… gracias!

    • Home… no sé si donarà per tant. Però podem pensar en models matemàtics, como li deia a Pablo, encara que jo ho tinc això molt oblidat… El que sí espere que siga és el pricipi d’una práctica cartogràfica que ens fa falta. Cómo podem compartir (o registrar per a més avant) els camins i direccions que ens porten a la llibertat i autonomía per el mercat?
      Gràcies!!

  • ¡Muy grande el post!
    El gesto más difícil es del de “descomponer el mapa” y reconstruirlo según una historia, según un uso. Pesa demasiado el carácter político de los mapas, la división de las zonas por unidades urbanísticas…
    Pero no podrá haber una verdadera reformulación del territorio si el callejero convencional continúa siendo la capa base.
    Pero, desde aquí, comienzas a mostrar una nueva manera de respresentar, basada en el tiempo (éste si es el mínimo común), en cómo usarlo y cómo repercute eso en los fragmentos de espacio. ¡Serán muy guapos esos nuevos mapas! Conformados por nuestro tiempo compartido, entre las tareas y personas con las que queremos desarrollar nuestras vidas interesantes 😉
    ¡Cuenta conmigo para los experimentos!:)

    • Pues sí, me acordaba de cuando hicimos aquellas exploraciones con los alumnos del taller de San Vicente y tampoco nos atrevimos a cortar el mapa. Normal porque ahí no había una subjetividad sino que se trabajaba para la administración que, por definición, trabaja “desde fuera”.
      Hasta encontrar esa manera de representar aún queda mucho y tengo bastantes dudas, así que tendremos que hacer muchos experimentos hasta que lleguemos a algo, te toca pringar 😉

  • Según estaba leyendo el post, al ver la imagen del mapa de Washington, el territorio que demarca dibuja una especie de estrella. Me vino a la cabeza de inmediato las conversaciones sobre los nuevos territorios y me pregunto si además del transporte y las telecomunicaciones no habría que agregar las conversaciones para plasmar el mapa del territorio en el que nos «movemos». Creo que las formas resultantes nos sorprenderían maravillosamente 🙂

    • Hola Natalia!!
      Las conversaciones serán imprescindibles Yo también he pensado sobre ello estos días, se me ocurrían varios enfoques, a ver qué te parecen:
      – los mapas serían directamente mapeos de redes conversacionales, porque en ellas es donde se hace el comercio y la vida. Añadiendo alguna capa o deformación por temas “externos” (no me convence esa separación dentro fuera) o periféricos a la red, como los cambios políticos, en el transporte, en leyes, avances tecnológicos (aunque éstos a veces saldrán de la propia red). Lo cual no estaría nada lejos del trabajo de mapeo de redes que venís haciendo hace tiempo en las indias, imagino.
      – desaparece el mapa y nos quedamos directamente con los relatos, como si la bitácora de a bordo “sustituyera” al propio barco porque cuando lo que viaja es la información porque es el principal bien, sobre el que se sustenta la economía, no hace falta la nave. Los mapas serían casi como el Lienzo que ponía, historias condensadas con una simbología que se reconoce dentro de la propia comunidad o red o filé pero que alguien no habituado tendría que descifrar por no conocer los contextos. En realidad me imagino que estos mapas no se compartirían así como así con los que no comparten filé porque podrían contar cosas sensibles (algo así como mapas del tesoro..). Quizá sólo algunos de divulgación o para intercambiar con otras comunidades o filés. Así se crearían simbologías compartidas, por otro lado.
      – Hacemos como los situacionistas y tomamos “pedazos” cartográficos con los que describir los entornos locales en que nos movemos y los mezclamos con lo anterior, éste me cuesta verlo porque lo cartográfico tiene mucho peso…
      He pensado más pero éstos son los que más me convencen, porque deben ser cosas útiles y no artísticas, aunque sean bonitísimas, seguro!
      Gracias por pasarte y abrazos!!

  • Un post muy interesante Ester! he aprendido sobre mapas con éste post, más que en mucho tiempo 😀 Ganas muchas de ver esos experimentos cartográficos neovenecianos que comentáis 🙂

  • qué guay! me gusta la idea de poder diseñar mis propios mapas porque en realidad, cada uno vive el territorio como muy a su manera, según sus propios intereses, necesidades, día a día, donde lo real es muy digital a veces… No me había parado a pensar nunca así de esta manera. Quizá tenía tan sumido que esto (los mapas establecidos) eran inamovibles.. ¡maldición! Y sería también una manera de ver la gran diversidad en cuanto a formas de ver lo que nos rodea. Dos personas que viven cerca pero sus mapas son muy diferentes…porque se relacionan de manera diferente..

    Me ha pasado mucho con skype. Hablar a menudo con amigos que están lejos.. luegos los ves y es raro.. lo lejano es más cercano que muchas cosas cercanas. ;D

    Creo que con esto también se le da más sentido a eso de conraponer lo territorial frente a las redes. Apúntalo para cuando se pongan territoriales.. jaja!

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