“¿Qué será, será…?” dice la canción y está claro que no lo podemos saber pero, si el pasado es un mundo a conquistar (como dijo Sonia en algún lado), más lo es el futuro. Y de eso va la novela ciberpunk por entregas del verano: Cómo perdimos el mundo, de imaginarnos en un futuro no muy lejano para saber qué hacer ahora, en el presente.

A mí me está fascinando. En el último capítulo, David consigue hacer un diagnóstico del presente neoveneciano tan acertado que me ha puesto los pelos de punta. Como a Marimanta, muchas veces nos pasa que los cambios (por no decir ataques) de la descomposición: modificaciones de leyes para capturar rentas, destrucción de significados, recentralizaciones,… nos hacen tener miedo a perder nuestras frágiles autonomías aún en su preadolescencia.

Estoy impaciente por ver cómo se las arreglan los personajes para sortearlos…Y me siento privilegiada de tener unos compañeros de batalla que son capaces de crear estos mitos. Es genial identificar a los personajes de nuestro entorno y reirnos y sufrir con sus aventuras. Y ser, incluso, uno de los personajes ¡qué más puede uno pedir! ¡vivir una gran novela ciberpunk!. Sentir una historia propia de Stephenson como una historia de familia.

No sé si llegaré a ser una pequeña-gran malka neoveneciana :), pero como todas las grandes historias, lo importante en ésta no es acertar sino su capacidad para unirnos “alrededor de la lumbre” y divertirnos imaginando alguno de los futuros posibles en los que conseguimos seguir siendo libres.

Es, sin duda, una de esas historias que nos hacen fuertes para seguir adelante.

4 comments on “«Cómo perdimos el mundo», una novela para pensarnos

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