Las topologías de redes son algo más que la forma de conectar sus nodos. Como decían los ciberpunks: “bajo toda arquitectura de información se esconde una estructura de poder”. Este post trata de profundizar sobre las implicaciones del paso de la topología descentralizada a la topología distribuida para las organizaciones de cualquier tipo. Y todo esto jugando con los diagramas de red de Paul Baran.

(Aclaración: en realidad lo que hago es fijar en este post algunas de las conversaciones de estos días en Bilbao aprendiendo de los indianos, y hablando conmigo misma en los paseos bajo la lluvia y entre arquitecturas contemporáneas. Ojalá me dé tiempo a escribir la mitad de lo que voy anotando…)

Los diagramas de Baran son muy sencillos: despliega una serie de puntos y luego los une de tres formas diferentes. Su objetivo es discutir qué formas de conexión técnica para las comunicaciones son más robustas. Evidentemente, la tercera, y de ahí la estructura distribuida de internet.

 

Mi juego ha consistido en complicarlos un poquito, sí: colores, grosores, tipos de línea… esas cosas que sabemos hacer los arquitectos con los diagramas. Y mi intención es entender mejor qué significa para cada uno de esos puntitos conectarse de forma distribuida. Lo he hecho a partir de la revisión de LasIndias que ya tenía un poco de color.

Hay que pensar en los puntos como organizaciones sociales, aglomerados de personas (luego iré poniendo ejemplos), y que las líneas que los unen son sus formas de comunicarse. Así ya estamos viendo el diagrama como esa estructura de poder que apuntaban los ciberpunks y podemos aplicarlo a formas de organización política. Y visto así, las dos características principales de una red descentralizada son los niveles y las fronteras. Ambas cosas las experimentamos todos en las organizaciones de los estados actuales. Para resaltarlo en el gráfico he intentado darle un poco de volumen 3d  (y para ello lo he girado) y posicionarlo (y para ello e dibujado las líneas verdes que simbolizan las fronteras que delimitan los distintos territorios). Quería mantener los puntos en su sitio, así que sólo he movido el nodo central y he cambiado los colores.

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Aparecen al menos tres niveles: los nodos rosa abajo del todo, los rojos (nodos centrales de esas pequeñas redes) y el nodo superior. Esta es la estructura piramidal a la que estamos acostumbrados (ayuntamientos, autonomías, estados,… o delegación comarcal, delegación central y centrales de dirección,… o liga autonómica, liga estatal, liga europea, mundial,…). Las fronteras sirven para aclarar quién tiene que ser representado por quién, o quién tiene que delegar en quién. En el discurso indiano sobre la topología de red, este momento empieza históricamente con el telégrafo porque permite establecer otros centros nuevos distintos de los centros imperiales. Esto parece que da autonomía a los distintos sectores, pero hay un problema cuando se acumulan centros y la pirámide se hace vertical y vertical.

Lo bonito de usar la misma distribución de puntos de Baran es que aparecen, mágicamente, unos nodos que están directamentes ligados al nodo central y no necesariamente en ninguna frontera. Podemos pensar que son las organizaciones que tienen acceso a los altos niveles sin pasar por toda la cadena de poder. Esto les permite imponer sus necesidades estratégicas. Están pintados de naranja y sus formas de comunicación son más directas (en rosa), son conversaciones de tú a tú con el poder.

Aunque el dibujo no es tan elegante como el anterior, creo que expresa bien esas dos principales barreras que experimentan las organizaciones sociales. El paso de un nivel de poder a otro tiene un coste muy alto, por ejemplo, cuánto cuesta en euros meter a alguien que comulgue con tu organización en una diputación o consejería. Y las fronteras territorializadas pueden separarte de las personas con tus mismas necesidades, por ejemplo, puedes querer lo mismo que alguien del pueblo de al lado pero no os podéis juntar para imponerlo mayoritariamente. No quiero irme por ahí, pero en la topología descentralizada las líneas significarían representación (en sentido ascendente) y delegación (en sentido descendente), y la representación significa que sólo se comunica lo que democráticamente (o sea por mayoría) se decide. Esto deja fuera muchas reclamaciones que, no siendo mayoritarias en un territorio sí lo serían juntando varios.

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La primera repercusión de una nueva tecnología de comunicación distribuida como internet es eliminar los niveles. Aplanar el gráfico. Al menos en cuanto a capacidad de emitir y recibir mensajes sin ser mediado por la representación y, por tanto, en la capacidad de influir. Es importante señalar que esa posibilidad se hace técnicamente evidente con internet y teóricamente accesible a todos: podemos comunicarnos con los centros tan directamente como lo hacían los nodos privilegiados. El coste de acceder al poder y de influenciar al resto de nodos para que sigan nuestra agenda disminuye. Aunque no es inmediato como parece con las redes sociales como facebook y twitter. Es necesario un trabajo de diplomacia (gestión de alianzas) pero, gracias a esta nueva estructura de comunicación, es un trabajo asumible por mayor número de organizaciones.

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La segunda repercusión es que las fronteras se diluyen. Podemos comunicarnos con los nodos adyacentes sin pasar por la cabina de telégrafo  de la ciudad o la televisión autonómica o el periódico comarcal. Esas nuevas comunicaciones peer to peer (p2p) las he dibujado en naranja y, no es casualidad, los nodos que empiezan a aprovechar esa posibilidad se tintan de naranja. Es decir, se igualan a los anteriores “nodos libres” que tenían comunicación directa con los núcleos de poder. Si a alguno le había parecido en el anterior diagrama que los naranjas eran los malos, ha acertado. Nadie es inocente, cada una de las organizaciones sociales tiene sus motivos, sus agendas políticas basadas en sus necesidades vitales e intentarán favorecer la actividad económica que les permita conseguirlas.

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Utópicamente, la red distribuida tiene la pinta de este diagrama: todos los nodos son libres (amarillos) de establecer sus agendas y sus comunicaciones son conversaciones limpias (naranjas). Pero esto es una teoría-luz, como la teoría feminista de la igualdad o la de la sostenibilidad. Algo hacia lo que tender que nos parece que hará que todo sea más justo. La realidad se parece más al diagrama anterior.

Y visto así, en diagrama, todo parece muy divertido: unos influencian a otros, otros se juntas con unos, ambos imponen su agenda… pero esto significa intereses económicos y formas de entender el mundo. Así que las líneas no son limpias, hay guerras y explotaciones y, también, colaboraciones y asociaciones.

A estas alturas ya habréis adivinado que las organizaciones no son sólo pueblos o países, sino comunidades, empresas, asociaciones, etc. que conversan o se influencian entre ellas para llevar a cabo sus planes. La administración es sólo un nodo más, ya no tenemos porqué darle centralidad, podemos construir nuestras redes con o sin ella.

Una de las cuestiones es qué tiene que hacer una organización para modificar su entorno en dirección hacia el mundo que cumpliría sus necesidades o para llevar a cabo la actividad económica que le soporta, y mantenerse fiel a sus valores. Teniendo en cuenta que los nodos (en esta situación no utópica) representan tanto a comunidades reales (que comparten valores y tienen una organización distribuida) como a comunidades imaginadas heredadas que comparten imaginarios vacíos, las conversaciones no tendrán que lidiar únicamente con la interoperabilidad entre lo que para una comunidad significa una cosa y para la otra lo contrario, sino con la falta de coherencia en algunas organizaciones.

Para resolver esta cuestión se me ocurren cuatro cosas:

1. Asociarse con los que tengan la misma agenda aunque sea necesario traducir, es decir, dedicar un esfuerzo dentro de cada organización a tener mecanismos de interoperabilidad con aquellos con los que compartamos valores, ideas, herramientas, etc. Por ejemplo, un grupito de arquitectos que balbucean contra el monopolio de acto de construir se alían con las gentes que luchan contra los monopolios de la propiedad intelectual…. esto hay que traducirlo mucho, mucho ;). A veces los intereses comunes coincidirán con los territorios físicos comunes, pero esto es perligroso y lo desarrollo un poco más abajo.

2. Liberar las fuentes y fomentar su difusión para tener más potenciales aliados. Es decir, si nuestra organización cree en el software libre tendremos que dedicar mucho tiempo a difundirlo, a crearlo y a regalarlo, a explicarlo, etc. Y esta se me aparece como la gran batalla de las pequeñas organizaciones, porque tiene mucho coste y te puede traer muchas decepciones. Como dicen en mi casa, “quien más puso más perdió”. Pero, ¿y las alegrías que te llevas cuando este sembrar da frutos? Eso no tiene precio. Como ejemplo, no se me ocurre nadie mejor que los indianos con sus swarmings, conferencias, etc…

Parece que con estas sugerencias no me enfrento a los conflictos de intereses o a la falta de coherencia, pero creo que sí. Por ejemplo, si un ayuntamiento nos habla de estética urbana cuando nosotros queremos hablar de tácticas para apropiarse del entorno construido por parte de los ciudadanos, está claro que no compartimos intenciones. Pero podemos usar y aprenderle a sus funcionarios las herramientas que llevarían a lo nuestro y podemos “disfrazarle” lo nuestro de lo otro. Seguro que hay que hacer concesiones y hay que valorar si nos conviene, pero ya digo, nadie es inocente. En literatura a esto lo llaman signifyin’ y se puede hacer porque, aunque más pequeños, somos más ágiles.

 

El peligro de la territorialidad

Para terminar, creo que la territorialidad merece otro post que no sé si seré capaz de escribir. Peeeeero, quería hacer mención especial a que tantos años de vivir en un paradigma descentralizado nos han llevado a asociarnos con una identidad territorial. E incluso con una historia, siempre basada en un territorio. Para las pequeñas organizaciones que quieren desarrollar su autonomía e independizarse de los grandes nodos centralizadores el territorio es peligroso. Supone trazar fronteras y las fronteras siempre dejan a alguien fuera (o a alguien que no quería estar ahí, dentro).

Como ejemplo extremo apunto el de la línea imaginaria “municipal” que separa Elda-Petrel. Cualquier organización, de una de las aceras de la calle que separa estos pueblos, que se marque un objetivo dependiente de la historia que nos han contado sobre un mapa se separaría de las organizaciones establecidas en la acera de enfrente. Por tanto, las organizaciones que quieran mejorar su autonomía deberían

3. Establecer las agendas políticas pensando en el futuro y no en el pasado.

4. Centrarse en lanzar líneas de conexión hacia otros nodos (organizaciones) y no en delimitar fronteras, porque las fronteras las controlan los poderes (des)centralizados.

Trazar fronteras es un acto de planificación y los planes siempre son centralizadores. Y las historias del mundo centralizado pasado nos “cargan” con una identidad difícil de manejar de forma autónoma. Pero, como sé que antes he escrito que hay que mantener las historias, para ser coherente necesito desarrollarlo y pensar qué podemos hacer con las historias y con los imaginarios… Pero esto ya será en otro post.

12 comments on “Redes distribuidas y su efecto para las organizaciones

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