Advertencia: este post tiene sentido dentro de la búsqueda de significado para nuestro trabajo y vida que estamos trabajando en arrsa (a ver si pronto reestrenamos web), es decir, que tiene que ver con mi aprendizaje sobre  formas de trabajo cooperativo y autónomo, y sobre la economía del don. Además, mezcla peligrosamente ideas feministas con ideas indianas, dos de mis fuentes de lecturas más esclarecedoras en los últimos tiempos.

Por la lista de correo del grupo de género y tecnología del Medialab he visto este interesante vídeo de Amaia Pérez Orozco. En él reencuandra el debate sobre la crisis como una crisis de las estructuras organizativas del sistema y de la forma en que entendemos la vida. Ya era así antes de la crisis financiera, pero con ésta se agrava. Así que propone un debate público y participativo que responda a dos preguntas clave:

¿Qué es una vida que merece la pena ser vivida? y ¿Cómo nos organizamos para gestionar esa vida?

Y sienta unas bases para ese debate:

1-El cuidado de la vida es el fin. Y no hay un fin mayor al que la vida deba someterse

2-Sólo podemos cuidarla en comunidad, estando interconectados

3-Los roles asignados hasta ahora (masculino y femenino) niegan lo anterior porque la figura masculina se debe construir desde sí para sí a través del empleo, y la femenina autoinmolarse para que el conjunto (el hogar) salga adelante. Vamos, que ambas figuras son un timo y hay que repensarlas dejando atrás la autosuficiencia y sin mitificar la inmolación de la ética de los cuidados.

Más o menos estoy de acuerdo con esos puntos de partida, aunque se podría matizar mucho la definición de ambas figuras. Pero no es el tema del post. El tema que quería resaltar es cómo se desarrolla ese debate público y dónde hay que centrarlo.

Primero el cómo del debate:

Habla de un debate público en el que estamos faltando desde el feminismo: “se está decidiendo sin nosotras y por eso se mantiene la autosuficiencia y una ética reaccionaria de los cuidados”. Yo no creo mucho en los debates públicos, aunque sí en las conversaciones situadas mantenidas en público (ver Haraway, Conocimientos situados). También dudo de que se pueda llegar a un acuerdo universal sobre las “desesidades” que nos comprometemos a mantener y gestionar entre todos. Significaría que compartimos todos los mismos valores (o sea que damos el mismo valor a las mismas “desesidades”) y hace tiempo que el mundo es mas complejo que eso, si es que alguna vez dejó de serlo (ver Latour, Nunca fuimos modernos). Sospecho que cualquier acuerdo pretendidamente universal significa manipulación o acuerdo forzado por el miedo a algo, o ambas cosas.

Lo bueno de la idea de universal es que nadie depende de las condiciones o comunidad donde ha nacido (o le ha llevado la vida) para tener teóricamente las mismas oportunidades, lo malo es que por unas oportunidades teóricas, que a la práctica no se cumplen, dejamos de lado la comunidad real en favor de una imaginada e invisibilizamos todo lo que la burocracia de la imaginada no puede controlar o cuantificar.

Así que volvemos a que sólo puede haber acuerdos en comunidades reales. Sus miembros comparten los mismos valores sobre la vida buena, actúan como si pudieran confiar unas en otras y, por ello, pueden generar su conocimiento propio y las herramientas técnicas y de gestión para asegurar la buena vida. Lo bueno es que las conversaciones en las que se define la buena vida fueran públicas para posibilitar un debate global entre comunidades o entre miembros de alguna de ellas. Una auténtica conversación cargada de poder como las que propone Haraway. En la que lo más importante es la traducción entre los acuerdos internos de unas comunidades y otras.

Al final, quizá todo sea un tema de interoperabilidad. Entre juguetes, entre idiomas, entre monedas locales, entre valores y mitos de comunidades reales… La propia Amaia Orozco, en el vídeo (2ª parte) habla de diferentes nombres que se están dando a esa buena vida en distintas partes del mundo, en aymara, en vasco,… y de la necesidad de conectarlas y discutirlas.

Y sigo con el qué habría que debatir:

En lo que me parece el momento más lúcido del vídeo (min. 0:56 2ªparte, pero esto se debe a predilección por lo doméstico) habla de la díada en la que se mueve la izquierda clásica: estado o mercado. A ésta las feministas añaden los hogares. Pero propone ir más allá y pensar en otras formas posibles de organizar la economía que posibiliten esa buen vida. Que aparezcan en el debate la economía social, las redes sociales (reales),… y pensar con ellas alternativas al aparato burocrático estatal para la organización de lo común. Lo importante, que estas nuevas organizaciones económicas tomen como su responsabilidad el mantenimiento de la vida, porque si se quedara otra vez en los hogares seguiría feminizado (instinto maternal: se le supone), privatizado (se esconden las desigualdades dentro de la comunidad) e invisibilizado (no se le da valor y se deja para lo último).

Como dice Amaia, los hogares son la unidad última de reajuste de la crisis. Actualmente, cuando llega el momento crítico sólo la familia tradicional se mantiene y, al ser ésta privada y machista (por tradición), es más bien opresora. Aunque haya un ambiente democrático, la privacidad no lo favorece. Serían deseables nuevos hogares alternativos más liberadores aunque tan comprometidas con el mantenimiento de la vida como esa familia tradicional.

Como casi siempre, la economía feminista tiene tendencia a centrarse en lo que se puede hacer desde “lo público”, normalmente identificado con el Estado, para controlar al mercado (de acumulación del capital, supongo). Hace falta controlar el mercado de capital porque tiene un conflicto de base con el mantenimiento y cuidado de la vida. La vida queda fuera de su ecuación económica y, por ello, el mercado del capital debe complementarse con “lo público”: los servicios sociales, los sanitarios, la educación,… Pero hasta en lo público, los hogares como son privados y como no participan del capital, se quedan fuera de la ecuación.

Aún así el discurso de Amaia es revelador y certero, por ejemplo, propone que “la batalla” se libre desde las “esferas invisibilizadas del sistema económico heteropatriarcal” (min 6:40). Para mí es una muy buena idea, pero no para “ganarle recursos al mercado del capital con mecanismos gubernamentales” sino para construir alternativas, privadas y colectivas. Porque como ella misma comenta en este artículo: “se pone una presión cada vez mayor en algún lugar que no es ni el mercado, ni el Estado para resolver la vida, para generar bienestar.”. Por tanto, es ese lugar privado, pero colectivo, y sin conflictos con la vida el que hay que repensar.
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Entonces, desde la esfera invisibilizada y a partir de las sugerencias de Orozco podríamos preguntarnos por ejemplo:

-cómo los trabajos que no se pagan pueden generar bienestar colectivo, liberador y comprometido (¿redes de alimentación entre hogares?, ¿monedas locales para pagar el trabajo doméstico y aumentar la liquidez en las compras diarias?…);

-cómo los sujetos políticos no clasificados, distintos del “trabajador obrero”, pueden reconocerse, llegar a acuerdos y construirse herramientas técnicas y de gestión (¿redes de desarrollo de software?, ¿comunidades de consumo?, ¿comunidades que comparten recursos?);

-cómo desde las dimensiones no reconocidas como significativas de la vida podemos encontrar nuevos significados a esa nueva buena vida (¿guerrillas artesanas?, ¿de vivienda compartida forma de vida?, ¿huertos productivos en los jardines? )

-cómo centrar el debate en la precariedad en la vida y no en la precariedad laboral (¿cooperativas de limpieza y cuidados? ¿plataformas de trabajo/vida como alternativa a la queja por becaria eterna?,…)

Porque igual que nunca hemos sido modernos, no es verdad que haya habido un ente público que haya garantizado el mantenimiento de la vida ni la universalidad de los derechos. Ha sido la esfera privada invisibilizada la que ha mantenido la posibilidad de la vida buena. Y como está demostrando con la crisis es bastante resiliente. Así que podríamos aprender de ella. Es por esto que me interesa tanto la “sharing economy” o la economía P2P, las veo como un principio del camino en ese aprendizaje, que ha comenzado con internet, y con la producción distribuida, pero que parece que va infiltrándose en lo doméstico y cotidiano. Si con lo que aprendemos en los hogares, salieramos al paso de este tipo de economía, me imagino que aparecerían hogares menos opresores y menos tradicionales para permitir más libertad y autonomía. También al revés, como parece que les ocurre a los indianos, las organizaciones económicas colectivas centradas en comunidades reales acaban estructuradas en hogares expandidos

Curiosamente el vídeo de Amaia termina con una referencia  a la no universalidad de los problemas y al peligro de competencia e hipersegmentación de la sociedad. (Lo cual me recuerda a las profecías sobre la descomposición de la sociedad y la profecía de Haraway sobre la feminización del trabajo en el futuro.) Aunque lo diga rápidamente, es clave la referencia que hace a la pérdida de universalidad en los derechos que llevará a que se conviertan en concesiones hechas a personas en situaciones vulnerables. Para dar estas concesiones o ayudas, lo público debe meterse en nuestra vida privada y juzgarla, con el peligro de estigmatización de ciertos modos de vida que esto supone. Si queremos autonomía y diversidad para la buena vida, este peligro deja claramente en desventaja a las soluciones universales pactadas con poderes públicos representantes de comunidades imaginadas.

Finalmente, comparto con Amaia que lo que sí tenemos en común es la experiencia del conflicto capital-vida y que ese puede ser un buen punto de partida para poderse poner de acuerdo, internamente en nuestra comunidad y con otras.

Digamos que lo invisible y lo doméstico es un buen lugar donde situarse para empezar alternativas económicas, organizativas y de vida. Porque ha demostrado su resiliencia e imaginación para el cuidado y el mantenimiento de la vida, y si, además no pretende ser universal y tiene capacidad para conversar y buscar la interoperabilidad con otros, mucho mejor.

11 comments on “Nuevos hogares, comunidades e interoperabilidad: alternativas a debates y organizaciones públicas convencionales

  • Muy muy interesante el camino de reflexión que sigues… La parte del «hogar expandido» me suscita nuevas reflexiones porque, como dices, tiene mucho que ver con la economía de la abundancia (y con el nomadismo). La idea de que surge en respuesta a una división del trabajo patriarcal… bueno, nunca fue así en nuestro caso, simplemente no partimos de ahí, y es lógico si lo piensas porque una comunidad dividida en sexos no es una comunidad. Para nosotros el machismo siempre fue uno de los horrores del «fuera» o de «los fuera». Todavía nos llama la atención que llame la atención que los indianos seamos mayoría de mujeres.

  • Gracias David!
    Creo que no se ha entendido el párrafo (y es normal, con lo que me he extendido…).
    Lo que quería resaltar es el “encuentro”. Unos, partiendo de la búsqueda de organizaciones económicas alternativas, como vosotros, curiosamente pero también lógicamente, os estructuráis en esos hogares expandidos; otros, partiendo de responder a lo heteropatriarcal y empoderar lo cotidiano y doméstico, como se enuncia en el vídeo, acaban necesitando organizaciones alternativas. Ese punto de encuentro es el que me gustaría documentar para ver herramientas y formas de gestión. Nuevos hogares que aprenden y continuan las tácticas de generación de abundancia y compromiso de los existentes, pero que puedan organizarse económicamente con las herramientas de gestión de esa abundancia y compromiso que aparecen en el mundo de la democracia económica.
    El próximo post quiero hacerlo como un catálogo de las economías del don. Pero no quiero teorizar, teorizar,… me gusta cuando vosotros escribís para instrumentalizar vuestra práctica, todo un reto.

  • Querida Ester,
    Enhorabuena por el post y por el trabajo que lleva, las citas y las referencias, fundamental. Esto no es ruido, es contenido, me alegra encontrar contenido en la red. Necesitamos reflexión y este post es tremendamente inspirador. Gracias!

    • Muchas gracias Sara y bienvenida a Colabores.net 😉 Como digo al principio, el post es el resultado de la reflexión sobre formas de trabajo y vida que estamos teniendo en aRRsa!, y como se ve, sobre mis indagaciones sobre el feminismo, formas alternativas de organización económica y de gestión de lo común. A veces me resultado complicado comunicarlo, poco a poco… Por cierto, a ver si nos vemos en alguno de los próximos eventos primaverales, Masterdiwo o Meetcommons o en una visita tuya al Sureste…

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