A continuación un post que escribí hace un tiempo para aRRsa, pero que se quedó en el tintero porque empezó la reconstrucción. Lo copio aquí porque habla del espacio de acción uno de los pilares de mis derivas:

Hace unos días en mammoth publicaban la reseña del trabajo ganador de los premios para estudiantes de la Asociación Americana de Arquitectos Paisajistas, Sh*tscape: Mumbai Landscape In-Between de Bret Betnar. El proyecto propone construir un paisaje totalmente operativo con excrementos humanos. En mammoth resaltaban que la propuesta es infraestructural y generativa, porque inserta una nueva estructura que desencadena en el paisaje procesos capaces de multplicar progresivamente los inputs que recibe. A nosotros nos interesa especialmente que incluya a los habitantes de los slums vecinos como usuarios, gestores y constructores de ese paisaje y que, con el tipo de tecnologías propuestas, amplíe su espacio de acción.

El espacio de acción, como lo defne Otto Von Busch en su tesis Fashion-able. Hacktvism and engaged fashion design, es un área en la que nos movemos y tomamos decisiones sobre nuestra vida y nuestro entorno cotidiano y en la que nos sentimos cómodos para tomarlas y actuar. La capacidad de decisión nos la dan las oportunidades prácticas que obtenemos de la combinación de habilidades, materiales y herramientas a nuestro alcance. Si adquirimos nuevas, se produce una redistribución de competencias y poder entre la red de entidades que deben actuar juntas para hacer un trabajo, el actor-red del que habla Latour. Esto supone además, y siempre, un adiestramiento en la nueva tecnología adquirida: Von Busch habla de herramientas “instructables” que amplían nuestro campo de acción al adiestrarnos en su uso, y herramientas “ejecutables” que producen una redistribución de tipo “emancipatoria”, en la que cedemos nuestro campo potencial de actividad por uno preenvasada a cambio de la supuesta emancipación, tener más tiempo para otras cosas por ejemplo.

En el proyecto para Mumbai las herramientas con las que se reconstruirá el paisaje son claramente “instructables”, porque amplían el área que los usuarios controlan con una actvidad tan cotidiana como ir al baño. Aunque suponen mayor trabajo humano reducen la inversión de capital lo que hace que la propuesta sea más operativa. En esa situación política y económica parece que se actúa así porque no hay otra alternativa. Sin embargo, incluso en las zonas “desarrolladas” en las que sí las hay, también los “instructables” se abren camino por su potencial para la autogestión y la participación ciudadana en la construcción y mantenimiento del entorno. Natalie Jeremijenko, por ejemplo, en la Environmental Health Clinic ofrece recetas “hágalo usted mismo”, que combinan experimentos científicos y la creatividad artística, para que “im-pacientes” preocupados por el medio ambiente puedan mejorarlo localmente. A mejorar el ambiente también ayuda el reciclaje doméstico que nos reclaman que hagamos, por supuesto, pero lo hacemos “a ciegas” porque a los entresijos de ese proceso los ciudadanos no tenemos acceso, no podemos decidir sobre él. A diferencia de éste, la XClinic, amplia el espacio de acción de sus “im-pacientes”.

Las alternativas al paradigma “ejecutable”, que nos ha separado de la toma de decisiones sobre nuestro entorno, pueden ser herramientas o informaciones. Pero son más eficaces si en lugar de ofrecer soluciones empaquetadas permiten nuevas relaciones con los problemas a los que se enfrentan y abren conversaciones entre los actores implicados, definiendo escenarios de discusión democráticos. Tal es el caso de la red IkeaHackers: alrededor de los productos de Ikea (gran ejemplo de lo ejecutable disfrazado de instructable, como explica Curro Claret), ha establecido una conversación entre usuarios que, al hackear sus productos y seguir instrucciones diferentes de las propuestas por la empresa, modifican sustancialmente la relación que ésta promueve con los objetos. Estos usuarios adquieren habilidades que los emancipan de la empresa y, lo más importante, establecen una relación sentimental con los objetos y con el trabajo propio realizado que los encamina a refexiones sobre la sostenibilidad del modelo de producción del que antes dependían.

2 comments on “De infraestructuras low-cost a ikeahackers, ampliando nuestro espacio de acción

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